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Clase obligatoria de cívica a militares
El Salón San Martín del Edificio Libertador se ocupó con más de 250 uniformados entre oficiales y suboficiales; la Armada se destacó porque envió sólo cadetes de tercer año de la Escuela Naval Militar. Mentes jóvenes, dispuestas a absorber ideas, doctrinas, dogmas, esa materia gris entregó el jefe naval Jorge Godoy. El hecho importa, los oyentes no concurrieron por propia voluntad; su presencia en el auditorio respondió al cumplimiento de una orden impartida por las autoridades políticas del Ministerio de Defensa. La nota, girada a los jefes Luis Pozzi (Ejército), Jorge Godoy (Armada) y Normando Costantino (Fuerza Aérea) disponía que cada una de las fuerzas debía asegurar la asistencia de 80 oficiales, suboficiales o cadetes. La firmó el secretario de Estrategia y Asuntos Militares, Germán Montenegro. La cúpula militar se ubicó en la primera fila; el único ausente fue el brigadier general Jorge Chevalier, titular del Estado Mayor Conjunto; su cargo y jerarquía lo eximieron del corsé burocrático impuesto por la jefa castrense.
El ciclo, coordinado por el profesor Oscar Moreno, se encuadra -dice la gacetilla- dentro de las actividades conmemorativas del Bicentenario tendientes a impulsar la comprensión crítica de la historia argentina y a alentar el análisis del desempeño histórico de las Fuerzas Armadas. Uno se pregunta si alentar es equivalente a recurrir al imperativo que emanó de la orden de Garré para llenar el auditorio del Salón San Martín. Los uniformados se vieron constreñidos a asistir; ni siquiera pudieron apelar al equívoco doble estándar de la obediencia debida que sostiene Balza, uno de los expositores, según el cual debe obedecerse, pero no siempre.
Pilares
Mando, disciplina y obediencia, pilares básicos de la actividad militar, fueron aprovechados paradójicamente para asegurar la difusión de un ciclo que pretende enriquecer la cultura democrática en el ámbito castrense. ¿Qué satisfacción podría obtener un expositor a sabiendas de que su auditorio está allí sólo por una orden superior? En ese armado, hasta los aplausos caen bajo la sospecha de la artificialidad. La selección de panelistas (tanto civiles como militares en retiro), que fueron parte de la historia violenta del país, deja sesgada la presunta realidad de la época objeto del análisis. Aunque unos nunca hayan asumido su rol en aquellos años y otros lo hayan ocultado tras efusivos mea culpa. Verbitsky habló del partido militar en referencia a los sucesivos golpes que derivaron en dictaduras y lo que se ha dado en llamar el terrorismo de Estado. No se dijo nada del partido «paramilitar» que pretendieron las organizaciones terroristas con sus métodos, también importados para legitimar y justificar la violencia. Balza, de quien aún se espera una respuesta acerca de la aparición de esquelas de elogio dirigidas por él en 1989 al procesado general Jorge Rafael Videla, repitió el libreto de condena al comportamiento de los altos jefes militares durante el conflicto de 1982.


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