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Clásico: fastidio militar por recortes de poder
La decisión de Rousseff de designar a Celso Amorim -un diplomático de izquierda que supervisó la cercana relación de Brasil con Irán en años recientes- como ministro de Defensa ha enojado a los militares, que ya manifestaban descontento por la escasez de recursos y presionan a la presidenta por un mayor presupuesto.
Los periódicos brasileños han dado a conocer quejas anónimas de altos mandos militares desde que Amorim fue designado la semana pasada como sucesor de Nelson Jobim, despedido por Rousseff tras haber criticado públicamente a otros miembros del Gabinete.
«¿Desde cuándo los diplomáticos se preocupan por la guerra? Es como enviar a un médico a hacerse cargo de una morgue», dijo un alto oficial, según el diario Folha de S. Paulo.
Los militares de Brasil han visto el deterioro gradual de su influencia desde el fin de la dictadura militar en 1985 y ya no plantean una amenaza institucional a la democracia.
Sin embargo, el Ejército sigue siendo vital en muchas áreas, como la supervisión de los esfuerzos por vigilar el narcotráfico en las fronteras, colaborando en materia de seguridad en grandes ciudades como Río de Janeiro, y la participación en algunos trabajos de obras públicas, como un enorme proyecto de irrigación en el empobrecido noreste.
A menos que Amorim logre administrar muy eficientemente su cartera, Rousseff podría verse obligada a elevar el presupuesto militar para desbaratar las quejas, una medida difícil en momentos en que está bajo presión para controlar el gasto.
Aunque aún es popular entre la mayoría de los brasileños, Rousseff ha luchado por manejar una serie de disputas políticas durante el primer año de su mandato.
El Partido del Movimien-
to Democrático Brasileño (PMDB), el mayor de su coalición gobernante, ha mantenido una postura confrontativa virtualmente desde el comienzo de su mandato el 1 de enero y ha bloqueado buena parte de su agenda legislativa.
Los militares brasileños reciben un porcentaje menor del gasto público en relación con el Producto Bruto Interno (PBI) que China, India y Rusia, sus principales pares emergentes.
Este año, Rousseff adoptó una serie de medidas de austeridad para ayudar a controlar la creciente inflación, por lo que suspendió indefinidamente una multimillonaria y polémica licitación para la compra de aviones cazas.
Amorim, en su calidad de ministro de Relaciones Exteriores en el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, estaba a favor de la compra del caza francés Rafale.
Sin embargo, probablemente su opinión no logrará prevalecer sobre la de Rousseff, quien ha tomado un interés personal en el proceso de licitación y afirmó previamente este año que prefiere el avión F-18 de la estadounidense Boeing.
El oficialista Partido de los Trabajadores (PT), al que Amorim se unió el año pasado, también quiere aprobar una ley para establecer una «comisión de la verdad» al estilo de Sudáfrica para investigar abusos a los derechos humanos cometidos durante la dictadura militar, entre 1964 y 1985.
Agencia Reuters


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