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Clásico moderno de Eugene O´Neill vuelve al Teatro San Martín
Robert Sturua: “ Vivimos en un mundo cruel y tremendo, por eso muchos de los conflictos de la obra hoy nos despiertan una sonrisa.”
La confesión pertenece al director georgiano Robert Sturua (1938, Tbilisi), quien el próximo jueves estrenará, en el Teatro San Martín, "El luto le sienta a Electra" de Eugene O'Neill, con un elenco encabezado por Leonor Manso, Paola Krum, Héctor Bidonde y Diego Velázquez.
Sturua llegó por primera vez al país en 1987 con un elenco ruso. A los tres años repitió la experiencia y más tarde fue convocado, en varias ocasiones, para dirigir a distintos elencos argentinos. En su última visita de 2005, dirigió "La resistible ascensión de Arturo Ui" de Bertolt Brecht con el protagónico de Fabián Vena.
Llegó a la entrevista con este diario con una gorra de visera con su nombre pintado al frente ("Es un regalo de la vestuarista Renata Schussheim", comenta la asistente y traductora georgiana). A él se lo ve de muy buen humor, pero en seguida admite que el conflicto entre Rusia y Ucrania lo tiene preocupado, ya que pone en peligro una vez más la estabilidad geopolítica de la región. "Si la idea general es reconstruir la Unión Soviética, entonces les va a resultar mucho más fácil apoderarse de Georgia que es una décima parte de Ucrania, y su capital, Tbilisi, se encuentra a dos horas de las bases militares rusas", observa Sturua.
La obra que va a dirigir en la Sala Casacuberta está inspirada en la "Orestíada" de Esquilo y se desarrolla como un melodrama con notas edípicas, donde los celos movilizan crímenes y los remordimientos habilitan el regreso de los muertos. O'Neill hizo su propia trilogía ubicando la acción en Estados Unidos, sobre el final de la Guerra de Secesión (entre 1865 y 1866).
Periodista: ¿Le resultó complicado condensar tres obras en una?
Robert Sturua: Recién comprendí que esta obra se podía realizar cuando empecé a trabajar con los actores. Lo más difícil fue acortar el texto. Las tres obras completas deben durar unas seis horas. Pero esa duración es imposible, sólo la aguantan en Alemania. Nuestra versión durará unas dos horas aproximadamente.
P.: Por un sino trágico, Agamenon es asesinado por su esposa Clitemnestra y ésta es eliminada por su hijo Orestes a instancias de su hermana Electra. Pero O'Neill convirtió los crímenes de esta familia en un culebrón.
R.S.: En la tragedia original griega, los personajes actuaban conforme a la justicia, no necesitaban justificar su venganza. En O'Neill todo es más oscuro y extraño y sus motivaciones más complejas. No es el mismo nivel de heroísmo. El Agamenon griego era un rey digno, un héroe distinguido. En cambio su equivalente es un general sin prestigio de una ciudad provinciana.
P.: ¿Los crímenes de la familia Mannon se apoyan directamente en los complejos de Edipo y de Electra?
R.S.: O'Neill sintió la influencia de las teorías freudianas, que estaban muy en boga cuando escribió esta pieza. Por un lado, quiso mostrar que el ser humano es una criatura complicada y amoral y por otro se ocupó de los mitos fundacionales de su país. Estados Unidos era una nación muy joven aún, y él encontró en la Guerra Civil entre los estados del norte y del sur un equivalente de la Guerra de Troya. Queda a la vista que O' Neill era antibelicista.
P.: Usted calificó a su puesta de "tragifarsa"¿Dónde aparece el humor?
R.S.: La obra fue escrita en 1931, cuando todavía no existía el fascismo y nadie imaginaba que iba a haber una Segunda Guerra Mundial, ni se intuía el grado de maldad que iba a hundir a la humanidad. Nosotros, en cambio, ya estamos enterados de los campos de concentración y del Holocausto. Vivimos en un mundo cruel y tremendo. Es por eso que muchos de los conflictos de la obra hoy nos despiertan una sonrisa. Los remordimientos y torturas de los personajes nos parecen banales, casi ridículos frente a los crímenes que vemos a diario, incluso en vida política. Allí se producen todo tipo de engaños y asesinatos que no son tan evidentes, ni se escribe sobre ellos. Hemos visto asesinar a tantos presidentes y ninguno de estos crímenes fue aclarado.
P.: En una nota reciente usted dijo que le gustaría vivir en la Argentina, Suiza o Australia ¿Cuál es la razón?
R.S.: Son países que están lejos de los conflictos europeos. Los conocen sí, pero no los afecta en su corazón. Aunque, pensándolo bien... tendría que irme a Marte.
Entrevista de Patricia Espinosa

