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Clave: la cosecha 2016 se define en tres meses
Para salvaguarda de la competividad de los productores y exportadores del Brasil el Gobierno llevó adelante una devaluación que acumula el 25,7% en el 2015, y del 50% en 12 meses, y del 3% en lo que va del mes, siendo ésta una medida elemental ante el movimiento que han tenido el resto de las variables que impactan en el comercio mundial. Y por tratarse de una economía interconectada comercialmente al mundo globalizado, el beneficio de la devaluación se trasladó directamente a la mejora en la competitividad de los productores y exportadores de soja y el resto de los productos agroalimentarios. Ya que dicha devaluación no se trasladó a precios ha tenido una mejora sustancial en la relación insumo-producto a nivel de productor y en la competitividad del sector exportador a nivel global.
En la Argentina, muy por el contrario, el Gobierno mantiene el tipo de cambio, y en combinación con una inflación que no se detiene, el costo de los bienes y servicios para los productores y exportadores es cada vez mayor. En síntesis, cada semana que pasa la Argentina va perdiendo más competitividad. En otros momentos la suba de los precios internacionales hubiera servido para compensar dicha pérdida, pero hoy los mercados siguen mostrando síntomas de debilidad por las buenas cosechas que se esperan tanto en el hemisferio norte como en Sudamérica. El camino hacia el precipicio es cada vez más estrecho, no solamente para las economías regionales sino para el corazón de la Pampa Húmeda también. En un escenario donde no se quiere o no se puede aumentar el ritmo de la devaluación, medidas como la baja o eliminación de las retenciones para los productos de exportación de las economías regionales y para cultivos como el trigo, maíz o girasol, no tendrían costo para el Gobierno si se aplica una reducción inteligente en cada uno de los casos. Pues la generación de divisas, el mayor movimiento de la actividad económica en el interior, y la recaudación de impuestos directos e indirectos, que dicha medida implica, tendrían un efecto más beneficioso para la economía en su conjunto que mantener el actual sistema de atraso cambiario, retenciones e inflación.
Ya hemos visto el efecto que tiene sobre el trigo la actual política de atraso cambiario y cierre de las exportaciones, este año para la nueva cosecha 2015/16 se estima una caída de la superficie de siembra de por lo menos 1 millón de hectáreas. Mientras la comunidad política atiende la propaganda electoral, los productores del interior esperan señales de parte de los líderes políticos que les permitan tomar decisiones y acotar el nivel de incertidumbre actual. La producción agrícola responde a calendarios biológicos y estacionales, no toma en cuenta las PASO o las elecciones de octubre para avanzar en sus estados productivos. La fecha de siembra de maíz y de soja es una, y no se modifica por la campaña electoral.
Dicho esto, los candidatos deberían saber que la cosecha 2016, en el primer año de asunción de su Gobierno, cualquiera sea el elegido, se define en los próximos tres meses con las siembras de los cultivos de verano, soja y maíz principalmente. Lo que diga hoy un candidato, con respecto a su política de retenciones, tipo de cambio y apoyo a las exportaciones agropecuarias, tendrá impacto sobre el volumen de producción, saldos exportables e ingreso de divisas, cuando tome posesión del sillón de Rivadavia. Y de ahí la importancia que todos los candidatos, oficialistas y opositores, deberían presentar en forma escrita y explicita a la comunidad agropecuaria sus planes de acción con respecto al principal sector que genera divisas para el país.
Por ejemplo, un anuncio no más allá de fines de agosto, por parte del candidato que asuma, que bajara las retenciones del maíz a la mitad, podría generar un aumento de la superficie de siembra de 1 millón de hectáreas. En términos de producción y aumento de saldo exportable equivale a 10 millones de toneladas más de maíz o su equivalente de u$s 1.800 millones adicionales en concepto de ingreso de divisas. Y así también podemos hablar del girasol, el trigo y los productos de las economías regionales. No se trata de beneficiar a un sector, se trata de dotar de mayor competitividad a un sector que como el agropecuario, responde con creces con mayor inversión y tecnología, cuando las reglas del juego son claras y la incertidumbre queda acotada sólo a factores climáticos o del mercado internacional. Y quien asuma el 10 de diciembre, comenzará a cosechar en 2016 lo que anuncie de aquí a los próximos dos meses.
(*) Especialista en temas agropecuarios


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