Bill Clinton entra a Las Lilas, donde almorzó con los Werthein, Ernesto Gutiérrez, Sebastián Eskenazi y otros empresarios.
En su último acto en Buenos Aires, y previo a dar una breve caminata por Puerto Madero -donde fue entrevistado para un canal de cable-, Bill Clinton se dio el gusto de almorzar en su restorán porteño favorito: Cabaña Las Lilas. El ex presidente les había pedido a los Werthein revivir los buenos momentos gastronómicos que había experimentado en sus dos visitas previas a Buenos Aires, en 1997 siendo presidente y en 2001, cuando llegó al país para el lanzamiento del fallido proyecto educ.ar, de la Fundación Varsavsky y prohijada por Fernando «Aíto» de la Rúa.
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Ayer Clinton se presentó de saco sport y chillona camisa verde junto con una comitiva encabezada por el politólogo James Carville, ante un reducido núcleo de empresarios invitados por Adrián, Gerardo, Daniel y Darío Werthein (el patriarca del clan, Julio Werthein, se disculpó por no asistir: a esa hora almorzaba con el saliente embajador Earl Anthony Wayne).
Los convidados fueron Ernesto Gutiérrez (Aeropuertos Argentina 2000), Sebastián Ezkenazi (YPF), Daniel Sielecki (Laboratorios Phoenix), Luis Alberto Gold (Laboratorios Elea) y Leandro Carmona, un empresario argentino-estadounidense que apunta a desarrollar la energía eólica en el país.
Esta vez, Clinton centró su charla en la Global Iniciative que vino a promocionar. En ese sentido, dijo que los empresarios no deben ganar dinero a costa de cualquier recurso, sino que pueden hacerlo cuidando el planeta. Reclamó más inversiones en «energía verde», y aseguró que era fundamental apuntar a algún esquema de integración energética regional, para poder paliar desde otros territorios alguna coyuntura desfavorable que pudiera producirse en un país del área.
Según relataron algunos de los comensales, Clinton afirmó estar convencido de que «la Argentina y Brasil son un polo fundamental para el crecimiento y el desarrollo de América Latina», y sugirió -en relación con el régimen que gobierna Venezuela- que hay que mantener buenas relaciones con todos los países, sin por eso quedar en posición de tener que pedir favores.
Agregó sobre Hugo Chávez que al haberse virtualmente asegurado la reelección perpetua, habrá que hacer frente a la realidad de que estará en el escenario político de la región muchos años más. Sin embargo (y sin mucha originalidad), apuntó que su destino está atado en buena medida al precio del petróleo.
Después volvió sobre una de sus obsesiones: la situación en Medio Oriente; dijo ser «optimista» en que las gestiones del presidente Barack Obama terminen en un acuerdo de paz, siempre que se concrete la fórmula de «los dos estados» (lo que obviamente implica que, sin la creación de un Estado palestino, esa región continuaría atravesando turbulencias a largo plazo).
Clinton demostró, además, tener buena memoria: tras instalarse en un vip sin ventanas al exterior, y sin mirar el menú (al que le habían sacado los precios; igual, la cuenta era para los Werthein), pidió el «T-Bone Steak» (bife de costilla con lomo), una pieza de carne roja de casi 600 gramos incluyendo el hueso. Lo acompañó con papas fritas y un vino cuya identidad no fue revelada, pero que era nacional.
Para el postre también apeló a su memoria, y ordenó un «Festival de la casa», una desgustación de las especialidades dulces del restorán cuyo dueño es el ex Bunge y Born Octavio Caraballo, que ya había probado en sus dos visitas anteriores.
Desde el restorán explicaron que, en realidad, por una cuestión de protocolo, el ex presidente debe recibir sus pedidos ya «emplatados» (las carnes y los postres no pueden llegarle en bandejas y de ahí pasados al plato), lo que dificultó el servicio, sobre todo de la pantagruélica colección de mini (es un decir) postres que incluyeron desde el panqueque de dulce de leche hasta el «postre vigilante».
Después, con el café y antes de que los visitantes partieran hacia Ezeiza, hubo tiempo para repasar qué va a suceder el 28 de junio. Carville -que asesoró en su tiempo a Duhalde- demostró que la situación argentina no le es ajena, quizás por nostalgia de otros honorarios percibidos por aquí.
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