1 de marzo 2010 - 00:00

Coldplay: impecable y también previsible

El cuidadísimo recital de Coldplay (musical, visual y demagógicamante hablando) fue disfrutado por más de 60.000 fans igualmente correctos, que nunca intentaron «pogos» ni nada parecido.
El cuidadísimo recital de Coldplay (musical, visual y demagógicamante hablando) fue disfrutado por más de 60.000 fans igualmente correctos, que nunca intentaron «pogos» ni nada parecido.
El esperado recital en River de Coldplay tuvo seis veces más público que el de 2007, cuando ya habían quedado chicos los tres Gran Rex (10 mil espectadores contra 63 mil personas en el estadio). El show empezó puntual a las 21.15 con «Life in technicolor», «Violet hill» y «Clocks», y ofreció todo lo esperable: los temas más nuevos combinados con los clásicos, excelente puesta en escena, impecable calidad de sonido y derroche de sonrisas del cuarteto cultor del más moderno brit pop, «lookeado» con camperitas a la moda.

El público que concurrió, tan correcto y cool como ya no se encuentra en un recital, se preocupaba más por tomar fotos y videos con sus cámaras, iphones y blackberries, que por empujarse para estar más cerca de la banda. Era tal el clima de relax (nunca se temió un pogo, era cantado que no tendrían lugar avalanchas), que fueron varios los que se preocuparon por sus peinados cuando cayeron algunas gotas. De no haber tenido garantía de buena conducta, habría sido imposible disponer un escenario alternativo al que los cuatro integrantes de Coldplay accedieron para pasearse entre el público de pie.

En ese tramo aprovecharon para ofrecer el momento desenchufado, donde sumaron la armónica a las cuatro guitarras criollas para interpretar «The hardest part» y el cover de «Billie Jean» de Michael Jackson, en la mejor zapada de la noche. Martin se esforzó por hablar en español durante todo el show, y hasta dio indicaciones para hacer «la ola con los celulares», lo que generó la alternancia de tribunas encendidas con luces electrónicas en lugar de los obsoletos encendedores del siglo pasado. También en ese momento presentaron una nueva canción dedicada «al gran público de Latinoamérica», que «como siempre se repite, es el mejor del mundo», sostuvo Martin, casi en una parodia de sí mismo y de todo el plantel de extranjeros que no se cansan de reiterar lo mismo, ante un público que quiere (o que hace que quiere) creerlo.

Habrá que creerle esa empatía con lo latinoamericano, más allá de que engrosa las ventas mundiales: el título del último disco y la gira, «Viva la vida» rinde tributo a México (y no a la Argentina por el hit de los 60 de Palito Ortega), a través de una de las pinturas de Frida Kahlo. Lástima que en un show que se caracterizó por lo visual, no hubo referencia alguna a la obra de Kahlo, pero sí a la de Delacroix, «La libertad guiando al pueblo», que ilustra la portada del último disco. Tal mescolanza, hay que suponer, responde al eclectisismo propio de la banda, que optó por tres temas disímiles para que sonaran como preludio a su salida al escenario: uno de U2, otro del rapero Jay Z, y hasta «El Danubio azul» de Strauss.

Y hubo más alusión a lo «latinoamericano», con la canción estreno, «El Quijote», que incluye el «olé olé olé» local. Los cánticos de estadio alternaron entre ese y el pegadizo coreo que contiene el hit «Vida la vida», el más celebrado de la noche en su versión corriente y otra remixada.

La puesta en escena fue un espectáculo aparte, que si bien no puede compararse con la de Madonna o U2, dejó ver gran cuidado y originalidad. A subrayar, los globos/pantallas colgados de la parte superior del escenario, que proyectaban los rostros de los cantantes, mientras uno de los momentos más coloridos llegó con «Yellow» y cientos de globos amarillos enormes que rebotaban sobre la gente. El corolario estuvo en el tema «Lovers in Japan», que además de imágenes alusivas al Japón antiguo y al actual, más un paraguas japonés con que se cubría Martin, dejó soltar millones de mariposas de papel en el estadio, que parecían muchísimas más gracias a su reproducción en todas las pantallas. Para el cierre, con «The Scientist», «Life in Technicolor II» y «The Escapist», optaron por buenas dosis de pirotecnia que, al menos, se colocaron por fuera del estadio. Y eso no fue todo: a la salida regalaban CDs con diez canciones del grupo grabadas en vivo.

Dejá tu comentario