20 de abril 2009 - 00:00

Comentarios políticos del fin de semana

Ginés González García
Ginés González García
MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. Hay momentos en política cuando el peso de la crónica entorpece, por su fuerza, la capacidad de análisis. Les pasa a los colegas de este fin de semana que agotan los panoramas del domingo con repasos sin mucha explicación de hechos que, es cierto, parecen explicarse solos. Morales Solá insiste en la caracterología política, fiel al prejuicio romántico de que el héroe, el individuo, es el motor de la historia. Dedica el escorzo a Néstor Kirchner, a quien describe como un ser rabioso, que impide que nadie le diga la verdad. Esto implica presumir que el ex presidente ignora la realidad, con lo cual le hace un formidable favor. Declararlo inimputable o discapacitado para la política no sólo es disculparlo, sino además desconocer muchas de sus condiciones del oficio, con lo cual desarma al observador de herramientas para comprenderlo. Como dijo Nicolas Sarkozy en su quincho de París hace unos días de José Luis Rodríguez Zapatero: «Sí, puede ser que no sea inteligente, pero no he visto a mucha gente que haya ganado dos elecciones seguidas para gobernar».

Ese carácter explica, para el columnista, que Cristina de Kirchner se haya limitado a representar al poder porque Néstor es quien lo ejerce. Es un hallazgo retórico, pero debe demostrase aún. Hay quienes creen que los Kirchner, hasta legalmente porque están casados por la ley argentina, son una misma entidad política y ejercen lo que ejercen, mucho o poco poder, mucho o poco gobierno, desde un mismo núcleo de decisiones. Aunque quisiera escindirse, se lo impediría la ley; por ejemplo, Cristina de Kirchner no estaría habilitada para querellar a su marido por su anterior mandato. De la misma manera, la entidad familiar no lo exime a Néstor Kirchner de ser acusado por enriquecimiento ilícito a los dos años de dejar el Gobierno -se cumplen el próximo 10 de diciembre-, lapso después del cual ese delito prescribe. Como están unidos en matrimonio, todo lo habido es ganancial, como lo sabe bien Marcelo Tinelli.

Se enoja el columnista con el Gobierno por haber impedido que se vote una emergencia sanitaria por el dengue, pero no da ninguna explicación -como lo hace un colega de él en otro diario-. Le parece un horror la situación en ese entuerto de Graciela Ocaña, pero se sabe que Néstor Kirchner está entre quienes creen que la ministra de Salud espera alguna oportunidad para hacer un «montoyazo» -renuncia con escándalo para migrar del oficialismo- y dejar al Gobierno dando explicaciones. Dice que en seis años no hubo política sanitaria, algo que de ser cierto debería remontarse a 2002, cuando asumió el ministro mágico de Eduardo Duhalde en esa área, Ginés González García, que estuvo hasta 2007 y nunca lo pudieron acusar de que fuera responsable del dengue.

No profundiza mucho en el papel de Aldo Ferrer en el nuevo directorio de Techint, salvo cuando dice que es respetado por la empresa. Ferrer ha sido desde hace años del entorno íntimo del llorado Raúl Alfonsín. Lo acompañaba por las mañanas en las tertulias del departamento de la avenida Santa Fe, aun cuando contrajo compromisos con el actual Gobierno en el directorio de ENARSA o cuando ha dedicado su tarea de publicista a la exaltación de las bondades del kirchnerismo. Del lado de la empresa, Alfonsín fue uno de los políticos, sino el más, mimados por el grupo de los Rocca, que auspiciaron siempre la actividad política del ex presidente y lo contuvieron aun en sus momentos de más infortunio político. Que hayan designado a Ferrer en nombre del Gobierno no se lo puede creer nadie ya que los brindis deben haberse hecho con más euforia entre los directivos del grupo en trámite que no habla bien ni mal de nadie. Es una exageración esta intromisión del Estado en empresas; es natural que los empresarios se defiendan. Lo que deben es contar con detalle por qué hacen lo que hacen.

Para los futurólogos, el columnista agrega una presunción inquietante: al llamarlo a Daniel Scioli como candidato, Kirchner está admitiendo que ya perdió las elecciones. Habrá que avisarle al ex presidente.


VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. Este columnista sí explica el freno de Néstor Kirchner a la ley de emergencia por el dengue: dice que quiso quebrar el retablo de armonía y consenso que mostraban los bloques del Senado en el tratamiento del proyecto en la transmisión por TV de la sesión. Plausible para quienes creen en la imagen del Kirchner golpeador, pero no para quienes querían ver por TV ese debate; no lo transmitió, salvo algunos pasajes, ni por la señal Senado TV. Menciona el temor del Gobierno por el efecto de esa emergencia nacional en el mundo, que puede mover a risa si se piensa en el amor de los Kirchner al modelo autárquico. Quizás les dijeron que podía arruinar más el flujo turístico a la Argentina, ya castigado por los índices de inseguridad.

Para Van der Kooy, ese llamado al Senado para que se suspendiese la aprobación de la ley es un golpe a Graciela Ocaña, cuya cabeza pide Hugo Moyano, quien la cree responsable de retenerle más de $ 5.000 millones a las obras sociales y de quebrar el principio de «solidaridad» del sistema. Algún día tendrán que explicar los sindicalistas que cuando hablan de solidaridad no se refieren a la ayuda mutua, sino a cómo debe repartirse el dinero público, y que cuando hablan de libertad sindical, hablan de que no la haya y que exista una sola CGT.

Como otros columnistas de ayer, Van der Kooy se pliega a la noticia de que los encuestadores le están diciendo a Kirchner que es mejor que no se presente como candidato a diputado porque su nombre no le agrega nada a lo que ya ofrece Daniel Scioli. No se sabe nunca si creerles a estos arúspices, pero de ser así Kirchner tendría más problemas de lo que él mismo cree.

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