El economista Jorge Ávila ensaya un diálogo con un colega en el que debaten sobre la devaluación y la competitividad, una palabra que «es un dolor de cabeza para los economistas bien formados», asegura. Aquí lo destacado del artículo publicado en el blog www.jorgeavilaopina.com, en el que agrega que «la Argentina tiene ventaja comparativa en la producción de soja y desventaja en la de autos. No tiene, ni podría tener, ventaja comparativa en todo».
Mantuve un intercambio de opiniones con Flavio, un joven colega. Para él es importante la estabilidad del valor de la moneda que asegura un tipo de cambio fijo, el patrón oro o una moneda de reserva adoptada como propia. Pero lo corroe una duda sobre las consecuencias macroeconómicas de este tipo de arreglo monetario sobre la «competitividad». Esta palabrita, tan usada por periodistas y políticos, es un dolor de cabeza para los economistas bien formados. Tiene sentido microeconómico, pero no macroeconómico. Una empresa o un sector industrial pueden ser más o menos competitivos. Sin embargo, hablar de ventajas competitivas en relación con un país carece de sentido económico. Un país tiene ventajas comparativas. La economía argentina tiene ventaja comparativa en la producción de soja y desventaja comparativa en la de autos. No tiene, ni podría tener, ventaja comparativa en todo.
Flavio: ¿Cómo se puede resolver la baja de salarios nominales bajo patrón oro ante problemas de competitividad o de ajuste macro sin tener la llave que brinda la devaluación?
Jorge Ávila: ¿Por qué piensa que el salario debería bajar? ¿Por una recesión? Si la recesión se debiera a una contracción de la demanda agregada, como ocurre normalmente, la solución no estriba en una baja del salario, sino en una reducción de la incertidumbre. Si la recesión se debiera a un shock de oferta que se cree permanente, ¿no es mejor que caigan los salarios de los sectores afectados en vez de elevar (vía devaluación) el nivel general de precios? Cuando el mercado sabe que por regla no se devalúa, la tasa de interés se mantiene baja y se restablece el ingreso de capitales mucho antes. Esto contribuye a mantener la demanda agregada elevada.
Flavio: La rebaja de salarios en dólares siempre es vendida como solución de corto plazo ante salarios nominales rígidos a la baja y ante una tasa de interés que no actúa como determinante de la inversión. Así, la flexibilidad que brinda el tipo de cambio flexible es mostrada como la solución y como un instrumento de rápida corrección de los desequilibrios. Si queremos vender como alternativa al tipo de cambio fijo bajo algún patrón cambiario (dólar, oro o canasta de monedas) más una regla de disciplina fiscal que impida la emisión, ¿cómo se corrigen los salarios si, como en el caso europeo, a los problemas de deuda y déficit fiscal se les suma el de baja competitividad?
Jorge Ávila: El punto es identificar el principal determinante del nivel de actividad. Si fuera la prima de riesgo-país, la solución no consiste en rebajar el salario, sino en bajar la prima, es decir, recrear las condiciones de certidumbre. Tal es el caso en Grecia o en España actualmente y en la Argentina históricamente. Otra sería la situación ante un shock permanente de oferta (una caída de los términos de intercambio; por ejemplo, del precio de la soja a u$s 200 por tonelada para siempre). Aun en este escenario, una deflación es menos dañina para el crédito del país que una devaluación y la consecuente inflación. Cuando se devalúa por un motivo equis se termina devaluando por cualquier motivo.
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