Catherine Deneuve, como la madre enferma que reúne a la familia para Navidad, lidera el notable elenco de un film que sería aún mejor de lo que es con unos minutos menos.
«El primer día del resto de nuestras vidas» (Un conte de Noel, Francia, 2008, habl. en francés).; Dir.: A. Desplechin. Guión: A. Desplechin, E. Bordieu. Int.: C. Deneuve, M. Amalric, H. Girardot, E. Devos, Ch. Mastroianni, E. Berling.
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El título original de este film es «Un conte de Noel». Y de eso justamente se trata, de un cuento de Navidad, claro que propio de estos tiempos medio desangelados, a medias entre la ironía, el escepticismo, la relativa esperanza y los buenos sentimientos que por ahí todavía quedan. Haberlo rebautizado aquí como «El primer día del resto de nuestras vidas» tiene su razón de ser, como ya veremos, pero también tiene menos gracia, y encima suena como a «El primer año del resto de nuestras vidas», una película coral americana, de mediados de los 80. La de ahora también es bastante coral, pero ahí se terminan las coincidencias.
Bien, es Navidad. En la villa de Roubaix, Junon y su esposo reciben a sus hijos y nietos. No suelen festejar todos juntos, pero ahora Junon está enferma. ¿Los reunirá porque ésta puede ser la última fiesta que pasen todos juntos? ¿O porque espera que uno de ellos sea su donante de médula ósea? Hace mucho, el hijito primogénito tuvo esa misma enfermedad, ella engendró otro niño, para salvarlo, y ese niño vino al mundo inútilmente. Desde entonces, lo hicieron sentir un inútil. Y hace años que la hija mayor, la que realmente manda en casa, lo echó del hogar. En fin, he ahí el conflicto, alrededor del cual vamos viendo otros, que lo tocan a veces muy tangencialmente, y a veces muy de cerca. Resentimiento y reencuentro, vacío existencial y posibilidad de hallarle un sentido a la vida de uno, donación de sí mismo y a la vez devolución de lo recibido, aceptación del otro no querido, misión, muerte, y (en cierto sentido) posible transfiguración, todos asuntos antiguamente navideños, más antiguos aún que los ritos y consumos hoy habituales de esas fechas. Asuntos, además, tan internos, que la obra ni siquiera busca subrayarlos. Están ahí, cualquiera lo percibe, incluso tal vez los nietos que exponen en un juego de teatro cierta parte de la historia familiar.
Compleja, atrapante historia, desarrollada con buenos y muy variados recursos, y con un elenco de lujo, encabezado por la señorial Catherine Deneuve y el siempre extraño, expresivo, y un tantito repulsivo Mathieu Amalric (y también Anne Consigny como la hija mayor, Hippolyte Girardot como su esposo, Emile Berling, hijo esquizo de ambos, Chiara Mastroianni, etcétera), su autor es el ya veterano Arnaud Desplechin, el mismo de «Reyes y reinas». Varios puntos en común tienen los dos films, todos elogiables e interesantes, empezando por la extraordinaria habilidad con que el director hace llevaderos los asuntos más graves. Pero también tienen un mismo defecto: la extensión, que diluye un poquito las posibilidades emotivas. De todos modos, casi diríamos que «Un conte de Noel» es mejor que la otra.
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