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Con buenas ventas y público numeroso cierra hoy arteBA
«Guo Cheng», la instalación del grupo rosarino Mario Caporali, una de las muchas muestras de arte joven y emergente en una edición en la que los históricos de nuestra contemporaneidad demostraron que mantienen la capacidad de sorprender
Resulta llamativo este año que una Feria dedicada al arte contemporáneo invite a mirar atrás, que el arte más intenso sea el ya histórico. En la galería Ruth Benzacar, el sesentista Jorge de la Vega, con un futbolista de la de la época Pop, es uno de los artistas que dominan la Feria. Entre las obras más significativas hay una escultura de Pablo Suárez y unas flores de Nicolás García Uriburu en la galería Braga Menéndez; hay una gran pintura de Antonio Berni y otras de Alfredo Hlito en la galería Sur de Montevideo; están los paisajes realizados con plástico de Jacques Bedel en Wussmann y una renovada pintura de Josefina Robirosa en Vasari; hay, además, un Emilio Renart en Castagnino Roldán y unas tintas y pinturas de Ernesto Deira en la galería Agalma; se exhiben piezas con calidad museística de Marta Boto en Del Infinito y de Víctor Grippo en Mirta Demare; algunos premios notables en la Fundación Klemm y una escenografía de Edgardo Giménez, cuya gracia compite con todo el premio Petrobrás. Es decir, los clásicos de nuestra contemporaneidad han demostrado que mantienen el poder de choque, la capacidad de sorprender.
Por supuesto, esto no quiere decir que la Feria sea ajena al arte emergente o a las diversas vertientes del mainstream internacional. Cada vez más el arte se cruza con la ciencia y, de hecho, el premio Petrobrás se lo llevó la sanjuanina Adriana Miranda (50.000 pesos) con una obra que profundiza el análisis y el trabajo documental; su programa de investigación urbana de cuatro años sobre dos grupos de perros propios de la ciudad de San Juan, la llevó a descubrir el Delmer Andino y el Delafer Andino. Casi una tesina.
En esta misma tendencia, el grupo rosarino Mario Caporali presentó una instalación performática, una orquesta tocando sobre un cráter blanco. Desde lejos, la bella visión de la obra recuerda «La consagración de la primavera», la conocida pintura de Guillermo Kuitca; desde cerca, la luz se torna azulada y la escena parece surgida de otro mundo. En ese espacio, sobre unas garrafas que de inmediato remiten a la idea de la acumulación de energía, la música que interpreta un grupo de jóvenes resuena como un intento de comunicación. «Guo Cheng», el nombre de la obra de gran presencia visual y conceptual, significa «el curso de los acontecimientos» en chino. Toda una metáfora (si se entiende con humor).
La otra tendencia en boga, al menos en el circuito londinense, es la del arte abyecto, y allí está la instalación de una bailarina de Florencia Rodríguez Gilles parada sobre los calcos de unas cabezas lívidas, de apariencia real, separadas del cuerpo y amontonadas bajo sus pies. Con una historia tan truculenta como la de Rodríguez Gilles, la artista Ana Gallardo muestra los dibujos de unas bolsas que contienen las mujeres mutiladas en un pueblo de México.
En esta edición se recordarán los diez años de la muerte de la galerista Ruth Benzacar, con un homenaje, y también se rendirá un tributo al historiador del arte desaparecido este año, Jorge López Anaya. Entre los numerosos textos de López Anaya, vale la pena destacar «El extravío de los límites. Claves para el arte contemporáneo» (2007), porque es un texto grato para leer, que facilita el acceso a la complejidad de las expresiones actuales.
Los artistas jóvenes son mayoría y suman muy buenas obras, entre ellos están Flavia Da Rin, Nicanor Aráoz, Andrés Paredes, Estanislao Florido, Mauro Koliva, Santiago Iturralde, Amaya Bouquet, el grupo Conchetinas, Federico Lanzi, Sandro Pereira, Alfonso Piantini, Mercedes Pujana, Hernán Salamanco, Mariela Scaffatti, Diego Vergara, Érica Bohm y Juan Tessi.
La Argentina es una tierra de buenos pintores, abstractos y figurativos, y justamente, oscilando entre ambos lenguajes, la obra de Eduardo Stupía no sólo fue elegida para integrar la colección del Museo de Bellas Artes, sino además para el Museo privado de 1.200 metros cuadrados que Constanza Cerullo y Aldo Rubino van a inaugurar junto al Mamba. En esta misma línea están las estupendas pinturas de Martin Reyna, Juan Andrés Videla, Manuel Esnoz, Juan José Cambre y Alfredo Prior. Las de Prior fueron compradas para conformar el patrimonio del Museo Franklin Rawson de San Juan, que este año inaugurará un flamante edificio de 5.000 metros cuadrados, construido especialmente para albergar la colección y posicionarse entre los museos más importantes del país. Pero no es la única institución que se lleva obra de la Feria, entre otras figuran el Museo Caraffa de Córdoba, el Rosa Galisteo Rodríguez de Santa Fe, el Malba y el Mamba porteños, ya que cada año son más los patrocinantes decididos a donar obras a los museos.
La Feria ha superado en muchos aspectos las ediciones anteriores, pero se extrañan, sin embargo, las grandes obras de artistas de los 90 que otros años acaparaban todas las miradas. Están las maravillosas bibliotecas de Sebastián Gordín, las arborescencias de Miguel Harte, las flores y las torres realizadas con cuentas de colores de Román Vitali; hay algunas pinturas de Pablo Siquier y de Fernanda Laguna; está la serie de retratos «Socialistas» de Magdalena Jitrik, las fotografías de Nicola Costantino, una muñeca perfecta de Martín De Girolamo, pero faltan varios artistas de esa década.
Entretanto, los artistas de la vertiente sensible son ineludibles, y están las obras de Mónica Millán, Cynthia Kampelmacher y Manuel Amestoy, y con los juegos que hunden sus raíces en la historia de la abstracción argentina están Fabián Burgos y Beto de Volder.
En la Argentina, y también en el circuito internacional, las exposiciones y los coleccionistas que se multiplican han generado una gran demanda de talento, dato que se comprueba al ver el interés de los galeristas por los artistas recién salidos de la Beca Kuitca o de los talleres de Pablo Siquier y Diana Aisenberg. El lugar favorito para quienes van a poner a prueba sus conocimientos y el entrenamiento de su mirada es el Barrio Joven Chandon, un lugar donde difícilmente los buenos artistas pasen inadvertidos.
Entre las nuevas galerías, está Nora Fisch, con las acuarelas de Amadeo Azar, y entre las extranjeras, la del brasileño Oscar Cruz merece una mención especial, por la excelencia del montaje y de obras como las fotografías del alemán Michael Wessely, que ejercen su influencia en varios artistas argentinos, como Marcelo Grosman.
En suma, se trata de una Feria que vale la pena visitar.


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