3 de septiembre 2013 - 00:00

Con espléndido “Don Quijote” prosiguió el año coreográfico

La nueva producción de “Don Quijote” en el teatro Colón tuvo  una producción espléndida en lo visual y lo coreográfico.
La nueva producción de “Don Quijote” en el teatro Colón tuvo una producción espléndida en lo visual y lo coreográfico.
Don Quijote, ballet en tres actos. Música: L. Minkus. Coreografía: L. Segni sobre M. Petipa. Ballet Estable del Teatro Colón. Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección: J. Logioia Orbe (Teatro Colón, 1 de septiembre).

El brillo de "Don Quijote", uno de los más amados ballets del repertorio, volvió al Teatro Colón en una producción espléndida en lo visual y lo coreográfico. Muchos son los factores que se conjugan en él: una partitura inspiradísima y llena de color local firmada por Minkus, un argumento tomado de un episodio (el de las bodas del rico Camacho) de la novela de Cervantes, una coreografía magnífica de Marius Petipa y una trama que conjuga humor, teatralidad, picardía, ensueño y divertimento. Esta versión cuenta además con una particularidad: la última función (domingo próximo) constituirá la despedida de la primera bailarina Silvina Perillo, una de las más memorables Kitris que se hayan visto en nuestro país.

En esta oportunidad la directora del Ballet Estable, Lidia Segni, resolvió dejar de lado la versión de Zarko Prebil que ya era un sello de la compañía y brindar la propia. Se condensa aquí la acción, se reduce la introducción a una escena brevísima (en la función de estreno casi invisible por una superabundancia de humo que invadió la platea) y se elimina el cuadro de la taberna, con lo que el argumento pierde algo de coherencia.

Con una exquisita escenografía de Enrique Bordolini y una ambientación y un vestuario de Eduardo Caldirola especialmente bellos y sobrios, todo complementado con la fina iluminación de Rubén Conde, la producción resultó muy lograda. Impecable fue el desempeño del elenco en su totalidad y del cuerpo de baile, que lució ajustado como pocas veces. La pareja protagónica integrada por Nadia Muzyca (Kitri) y Juan Pablo Ledo (Basilio) derrochó gracia, elegancia, precisión técnica y soltura. Maricel de Mitri descolló como la Mujer de la Calle, acompañada por el siempre viril y enérgico Vagram Ambartsoumian (el Torero), en una escena de impecable realización. Como las amigas de Kitri, Natalia Pelayo y Luciana Barrirero exhibieron brío y levedad.

Martín Miranda (Don Quijote), Marcelo Antelo (Sancho Panza) e Igor Gopkalo (Camacho y el Duque) encarnaron con eficacia sus respectivos papeles. Sorprendió la Gitana de Graciela Bertotti, bien secundada por el Gitano de Igor Vallone, en tanto que Emilia Peredo Aguirre (Cupido) y Gabriela Alberti (Reina de las Dríades) tuvieron un excelente desempeño.

Al frente de la Orquesta Estable, Javier Logioia condujo el aspecto musical con gran seguridad y flexibilidad, obteniendo muy buenos resultados del ensamble instrumental. Antes de comenzar el tercer acto, una voz en off anunció la noticia de la muerte de la soprano Florencia Fabris, del que informó este diario en su edición de ayer. El suceso conmovió a la sala y le quitó lógicamente mucho a la alegría que había provocado el regreso triunfal de un clásico.

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