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Con guiño K, se lanzan para enfrentar al G-8
Julio Alak
Cristina de Kirchner, en línea con la práctica de su marido, autoriza esas irrupciones y, en algún caso, bendice sigilosamente. Ministros y funcionarios, por criterio propio, también avalan a sus amigos o preferidos, En los últimos días, sin vínculo aparente entre sí, pero enlazados por una lógica global que apunta a incomodar a los intendentes díscolos que conforman el G-8, se alumbraron dos candidaturas a jefe comunal en distritos gobernados por el peronismo.
La semana pasada lo hizo, en San Miguel, el diputado Franco La Porta. Antiguo socio del alcalde local, Joaquín de la Torre, junto a quien desbarrancaron a Aldo Rico del municipio, La Porta lanzó oficialmente su candidatura para competir por la intendencia.
De la Torre forma parque del club que comanda Sergio Massa, intendente de Tigre, y anotado para disputar en 2011 la gobernación bonaerense. Jesús Cariglino, de Malvinas Argentinas, y Luis Acuña, de Hurlingham, también frecuentan esa cofradía. Otro de los que integra ese pelotón es Pablo Bruera, intendente de La Plata, a quien anoche le apareció un competidor que explota al máximo la letra K, Guido «Kibo» Carlotto, hijo de la titular de Abuelas y hermano del diputado Remo Carlotto. «Kibo» presentó formalmente su postulación platense. No son los únicos casos de dirigentes peronistas que desafían a intendentes también alineados con el PJ. Sin embargo, el dato es sintomático ya que Bruera y De la Torre, por integrar el G-8, figuran en la lista de los posibles castigados por la Casa Rosada y el sciolismo. Aunque la regla es acompañar y no excederse en los favoritismos, también es cierto que a La Porta, por ejemplo, Scioli lo acompañó en dos actividades: la ANSES encabezó un operativo de la mano del diputado y Florencio Randazzo participó en varios eventos con el legislador.
«La orden es ser ecuánimes» se explica en Casa Rosada. Lo mismo dicen en La Plata, cerca de Scioli. Así y todo, hay una enorme lista de jefes comunales que no tienen, delante, ningún desafiante K que cuente con respaldos, implícitos siquiera, del Gobierno. El caso de Bruera es, también, emblemático. El jefe comunal figuraba entre los detestados por Kirchner quien llegó a ordenar que el kirchnerismo platense, a pesar de sus diferencias internas, se unifique para tratar de conformar un bloque.
Allí confluyeron el ministro Julio Alak, Emilio Pérsico, los hermanos Carlotto, el senador Eric Calcagno; el viceministro de Desarrollo Social, Carlos Castagnetto y, entre otros, el diputado Ariel Passini. Hubo avances y retrocesos, pero no se pudo aún alumbrar a un solo candidato del bloque.
«Kibo» Carlotto, que exalta la K de su apodo en los carteles para reforzar su identidad kirchnerista, mientras que otros dirigentes del armado oficial como Homero Bibiloni, Castagnetto, y Guillermo Justo Chávez, funcionario del Ministerio del Interior, agitan sus propias postulaciones. La aparición de esas candidaturas bis tendrá, como instancia de resolución, las primarias del 14 de agosto aunque algunos especulan con que podrían convertirse en colectoras para la presidencial del 23 de octubre más allá de que ese recurso está prohibido por ley.


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