Si alguna definición le cabe a la rueda de ayer es que fue la más insignificante del año. Por un lado, el volumen, apenas 780 millones de acciones operadas en el NYSE, lo que establece un nuevo mínimo para 2010. Por el otro, el comportamiento de los precios que, según el Dow, retrocedieron un 0,01% al cerrar el Promedio en 10.302,01 puntos, y según el S&P 500, avanzaron un 0,01%. Normalmente es fácil armar una explicación para las ruedas en suba o en baja. Lo que es realmente difícil es tratar de explicar qué es lo que pasó cuando los inversores literalmente se fueron del mercado. Algunos se escudaron en una especie de resaca causada por el 4% que perdieron las blue chips la última semana. El problema es que la idea de borrachera de asocia a las euforias, y éstas, a las grandes subas, no a las bajas. Otros hablaron de un mercado expectante, pero la verdad es que no hay nada en el aire que sugiera que vamos a tener en las próximas días un notición. Cuando revisamos las nuevas de la jornada, éstas fueron mayoritariamente negativas. En primer lugar, el 0,4% que creció el PBI de Japón durante el segundo trimestre, muy por debajo de lo que esperaban los analistas, luego los pobres índices de Manufacturas Empire y el de la construcción NAHB más los desilusionantes números de Lowes (mejora del hogar), etcétera. Hasta cierto punto esto explica que el dólar retrocedió un 0,5% frente a las principales monedas, que la tasa de los treasuries a 10 años retrocedió al 2,575% anual y que mientras el conjunto de commodities se desbarrancó un 2,5% (el petróleo bajó un 0,2%), el precio del oro subió un 0,9%, a u$s 1.226,2 la onza.
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