23 de octubre 2013 - 00:00

Con un ojo en su reelección, Dilma salió a defender la subasta petrolera

Por segundo día, Dilma Rousseff defendió ayer el nuevo esquema de licitaciones de áreas petroleras, que dan un rol al capital privado, pero reservan al Estado fuertes recursos. “Los convertiremos en salud”, prometió.
Por segundo día, Dilma Rousseff defendió ayer el nuevo esquema de licitaciones de áreas petroleras, que dan un rol al capital privado, pero reservan al Estado fuertes recursos. “Los convertiremos en salud”, prometió.
San Pablo - La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, salió ayer a defender la reciente licitación del primer yacimiento petrolífero de la cuenca presal, la gran esperanza del país para revolucionar su perfil energético. Al salir al cruce de las críticas, tanto de izquierda como de derecha, según las cuales su administración está entregando al capital trasnacional una enorme riqueza y, a la vez, que no se muestra capaz de atraer a las principales empresas del sector, aseguró que la operación no constituye una privatización y advirtió sobre los "prejuicios" contra China, dos de cuyas empresas estatales participarán de las operaciones en la mayor reserva de hidrocarburos del país.

"Vamos a hacer alquimia, trabajar para convertir petróleo en educación y salud", afirmó ayer la presidenta, un día después de haber adjudicado el mayor campo petrolero de Brasil, el de Libra, en las profundidades del océano Atlántico, a un grupo integrado por Petrobras (40%), la anglo-holandesa Shell (20%), la francesa Total (20%) y las empresas públicas chinas CNPC y CNOOC (10% cada una).

La mandataria, que en cadena nacional el lunes negó que haya sido una privatización, continuó ayer en esa línea. "No veo dónde hay privatización si el 85% de la producción quedará en manos brasileñas, el 75% para el Estado y el 10% para Petrobras", empresa de capital mixto con control estatal, afirmó Rousseff, al cruzar críticas de los sindicatos y de la izquierda opositora.

La mandataria, que pretende convertir esa subasta en su gran carta de triunfo en los comicios de octubre del año próximo, en los que buscará la reelección, se refirió así al total de la renta que el Estado captará tanto en virtud de la participación de Petrobras en el consorcio adjudicatario como por los royalties que percibirá y por el 41,65% del crudo que exceda los costos operativos que también terminará en sus manos.

La Agencia Nacional de Petróleo (ANP) adjudicó por 35 años al consorcio internacional, que no tuvo competidores. El campo de Libra, capaz de producir hasta 12 mil millones de barriles, con una previsión de ganancias de 1,5 billón de dólares, destinará, gracias a la nueva ley petrolera, el 75% de los ingresos públicos que genere a educación y el 25% a salud.

Sin estadounidenses entre las vencedoras, la presidenta destacó que el consorcio vencedor es "sólido" y defendió el desembarco de las empresas públicas chinas en la operación.

"Son grandes empresas que no tienen prejuicios entre sí. Acá en Brasil muchas veces eso se demuestra hacia las chinas, aunque tienen capacidad comercial y tecnológica. Shell y Petrobras dominan la exploración en aguas profundas", afirmó la mandataria a los periodistas.

La presidenta rechazó las publicaciones de la prensa que indicaban que el modelo de división de ganancias aplicado en Libra, regido por la nueva Ley del Petróleo, será abandonado en la próxima subasta.

La presidenta prometió transformar "el petróleo en educación y salud, en desarrollo de la industria naval, en la industria de proveedores petroleros".

Los megacampos de la cuenca presal, ubicada a entre 3 mil y 6 mil metros de profundidad, fueron descubiertos en 2007, cuando el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva decidió cambiar la ley petrolera para obligar a Petrobras a tener el mínimo del 30% en cada campo de extracción segura y retorno facilitado y abandonar el sistema de regalías para adoptar el de división de ganancias.

Sin dudas, la gran novedad de la subasta del mega campo de 1.500 kilómetros a 3 mil metros de profundidad fueron las empresas públicas China National Offshore Oil Corporation (CNOOC) y China National Petroleum Corp (CNPC).

China es desde 2009 el principal socio comercial de Brasil, superando a Estados Unidos, país que se encuentra en crisis con el Gobierno de Rousseff a raíz del escándalo de espionaje hecho contra la jefa del Estado por parte de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Rousseff suspendió la visita que iba a realizar hoy a Washington por entender que no recibió explicaciones debidas por parte de su par Barack Obama.

Pero las críticas opositoras continuaron. Uno de sus rivales en octubre del año próximo, el candidato presidencial Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), calificó la subasta como "oportunista, apresurada y electoralista".

Asimismo, especialistas ligados al sector privado alternaron cuestionamientos y elogios.

"La subasta en sí fue un fracaso, con un solo competidor que ofreció el precio mínimo, pero el consorcio vencedor es consistente y será capaz de extraer petróleo de Libra. Esto ha sido un alivio para el mercado y una suerte para el Gobierno", dijo ayer Adriano Pires, experto en petróleo del Centro Brasileño de Infraestructura.

Pero "Brasil vendió un activo precioso con un agio cero y deberá reformular su modelo de concesiones" del presal, estimó.

La intervención del Estado, considerada excesiva por muchos analistas, asustó a las principales petroleras estadounidenses, dijeron.

"No hubo realmente una subasta pero el resultado es positivo", indicó Alexandre Szklo, de la Universidad Federal de Río de Janeiro (COPPE/UFRJ).

Agencias ANSA y AFP,

y Ámbito Financiero

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