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Con violinista de lujo abrió Semana Llao Llao
La italiana Francesca Dego cautivó con su interpretación del clásico «Las cuatro estaciones» de Vivaldi. También las miradas.
La noche del martes estuvo dedicada a la música del siglo XVIII en sus vertientes barroca y clásica. En el inicio, la muy joven violinista italiana Francesca Dego -conocida ya por el público argentino por su participación en otras manifestaciones musicales- deslumbró asumiendo el papel solista de «Las cuatro estaciones», el aspecto más célebre de la producción de Antonio Vivaldi. A una afinación perfecta Dego suma (en esta serie de conciertos que parece llevar bajo la piel) una efervescencia que encontró perfecto eco en las cuerdas del ensamble Estación Buenos Aires dirigido por Rafael Gintoli, con la participación especial de Manuel de Olaso en el continuo.
El abordaje de una obra tan transitada como ésta implica para un intérprete un desafío mayor, y también lo es para quien escucha. Aun sin ser «historicista», la versión de Dego, Gintoli y sus músicos deparó refrescantes sorpresas estéticas, con tempi adecuados y un trabajo de fraseo que mantuvo intacta la atención del público que colmó el salón del Llao Llao.
Luego de una página poco frecuentada, la sinfonía de «La scuola dei gelosi» de Antonio Salieri (en una correcta interpretación del Ensamble), Luis Ascot, pianista argentino de trayectoria internacional, acometió el «Concierto para piano en mi bemol mayor» número 14 de Mozart con más brío que soltura en los movimientos extremos y gran expresividad en el «Andantino» central, bien seguido por la batuta de Gintoli.
Ayer al mediodía, y como parte del ciclo de conciertos gratuitos, el mismo salón cobijó una propuesta muy diferente: la del cuarteto de trombones «Viento sur» integrado por cuatro de los mayores intérpretes de ese instrumento en nuestro país: Pablo Fenoglio, Carlos Ovejero, Enrique Schneebeli y Jorge Urani. El repertorio, que abarcó partituras originales para esta formación y transcripciones, combinó sabiamente lo académico y lo popular, despertando en el público un interés sostenido y demostrando que el virtuosismo no es patrimonio exclusivo de flautas y violines.
* Enviada Especial


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