Trascendieron medidas y la visión oficial sobre temas candentes de la economía y la política
Cristina de Kirchner llega al Palacio de Miraflores de Caracas, donde la recibirá un efusivo y verborrágico Hugo Chávez. De regreso al aeropuerto, el propio anfitrión manejaría el auto hasta la escalinata del Tango 01.
Caracas - Nuevamente, un largo viaje en el Tango 01 sirvió para que el Gobierno tuviera horas de reflexión para hablar, analizar y discutir sobre varios temas de alta agenda. Durante un vuelo tranquilo, donde la Presidente habló con sus funcionarios, bromeó con su tripulación, conversó con periodistas, comió liviano (ensalada, gelatina de frutilla) y evitó el café para poder dormir algunas horas; Cristina de Kirchner pudo además terminar de diseñar algunas decisiones que horas después se conocerían en Buenos Aires. Los temas y conclusiones que circularon en el viaje de regreso desde la capital venezolana hacia Buenos Aires fueron los siguientes:
Alberto Fernández. El Gobierno se mostró dolido por la posición del ex jefe de Gabinete y sus últimas declaraciones. Cada vez que se pregunta sobre el tema, antes de responder hay largos silencios y se piensa mucho antes de comenzar a responder. La pareja presidencial asegura a sus cercanos que le sorprende, porque las expresiones (especialmente las que se refieren a las persecuciones y «pinchaduras» telefónicas), vienen de alguien que compartió el poder durante 5 años y medio y que además de compartir políticas, también compartió la intimidad presidencial. La reflexión finaliza siempre con un largo suspiro y asegurando que los dichos de Alberto Fernández le hacen más mal a él que al Gobierno.
Guillermo Moreno. El cuestionado funcionario está confirmado. Se insiste en que se trata únicamente de un secretario de Comercio Interior que cumple órdenes y tiene tareas acotadas a lo que le indica el organigrama del Ministerio de Economía, del que depende. Se afirma que el INDEC no depende de él y que, en todo caso, sólo se le pueden criticar algunos excesos de carácter. No se considera además que sus políticas no sean eficientes y se asegura que cumple una función clave para controlar monopolios y oligopolios que influyen en la formación de precios. Moreno además tuvo en la gira por Venezuela una consideración especial de parte de la Presidente: la Papelera Quilmes firmó un acuerdo con una planta similar ubicada en este país, con la que intercambiará producción y tecnología. Cristina de Kirchner describió la situación de la Papelera Quilmes como una fábrica «abandonada por sus dueños», en referencia a Héctor Massuh, ex UIA, y defensor en su momento de las políticas oficiales.
Conflicto por las bases en Colombia. Se cree que Hugo Chávez tiene un miedo real (no sólo mediático) por la instalación de las bases militares norteamericanas. Se habla de la posibilidad que radares instalados puedan cubrir territorio de los países vecinos (Ecuador, Venezuela y también Brasil). Se afirma que también Lula está preocupado por la situación. La Presidente aseguraba en Caracas que se ocupará particularmente, con el canciller Jorge Taiana, de organizar la cumbre de Bariloche y que invitará al presidente de Colombia, Álvaro Uribe. Si es necesario, Cristina hablará con el actual canciller de ese país, Jaime Bermúdez, con el que tiene relación por haber sido embajador en la Argentina. «Bermúdez es un cuadro», repite la Presidente. Ayer por la tarde, Uribe confirmaba que estaría presente en Bariloche.
Reunión del G-20. Cristina de Kirchner estará presente en la cumbre de presidentes, que Barack Obama organizará el 24 y el 25 de setiembre en la ciudad industrial norteamericana de Pittsburgh. El Gobierno espera los informes finales del «sherpa» de la Argentina para la reunión, el embajador en Washington Héctor Timerman. Igualmente la jefa de Estado está entusiasmada en que el contenido de los debates de esta cumbre sean mejores que la anterior de Londres, donde se considera que sólo se discutió cómo salvar a los bancos internacionales. Ahora, se insiste, con la incorporación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los debates se concentrarán en cuestiones sociales y laborales, más que financieras y económicas.
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