28 de noviembre 2014 - 00:00

Confirmó Rousseff al ortodoxo Levy, que ya prometió ajuste

El futuro ministro de Hacienda de Brasil, Joaquim Levy, flanqueado por el confirmado presidente del Banco Central, Alexandre Tombini, y por el titular de Planeamiento, Nelson Barbosa, ayer durante una presentación conjunta en el Palacio del Planalto de Brasilia. Los tres hablaron de recortar el gasto público y contener la inflación.
El futuro ministro de Hacienda de Brasil, Joaquim Levy, flanqueado por el confirmado presidente del Banco Central, Alexandre Tombini, y por el titular de Planeamiento, Nelson Barbosa, ayer durante una presentación conjunta en el Palacio del Planalto de Brasilia. Los tres hablaron de recortar el gasto público y contener la inflación.
 Brasilia - La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, anunció ayer la conformación de un nuevo equipo económico de línea ortodoxa con el que pretende trabajar en su segundo mandato, que asumirá el 1 de enero. Se trata del economista Joaquim Levy, nuevo ministro de Hacienda, y de Nelson Barbosa, ministro de Planificación, quienes anunciaron minutos después de ser confirmados un inminente ajuste para contener el gasto público y la inflación, al tiempo que se comprometieron con el relanzamiento del crecimiento y con la continuidad de las políticas de inclusión social que son la marca de las administraciones del Partido de los Trabajadores desde 2003.

Entretanto, en otro gesto destinado a agradar a los mercados financieros, se anunció la continuidad de Alexandre Tombini como presidente del Banco Central, quien en sus primeras declaraciones tras la confirmación abogó por una política claramente antiinflacionaria.

Los nuevos ministros, los primeros en ser anunciados desde la reelección de la mandataria en el marco de una anunciada amplia reforma de Gabinete, trabajarán con sus antecesores, el discutido Guido Mantega y Miriam Belchior, respectivamente, hasta finalizar el proceso de "transición".

Levy, un economista de 53 años que fue secretario del Tesoro durante el primer mandato de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2007) y que se caracterizó por su apego a la austeridad y al recorte del gasto público, dejó claro en su primer pronunciamiento público que sus esfuerzos se centrarán en ajustar las cuentas.

El economista dijo en conferencia de prensa que su meta para el año que viene es que Brasil obtenga un superávit fiscal primario -antes del pago de deudas- equivalente al 1,2% del Producto Bruto Interno (PBI).

Levy, que durante la etapa de transición trabajará en una sala en la Presidencia próxima a la de Rousseff, agregó que la meta para 2016 y 2017 es que los ingresos públicos superen los gastos en un valor equivalente como mínimo al 2% del PBI.

"Alcanzar estas metas es fundamental para generar confianza" y para retomar "el crecimiento y consolidar los avances sociales de los últimos veinte años", afirmó. El período del que habló es sugestivo, ya que no incluye sólo los dos mandatos de Lula da Silva y Dilma, sino también los dos anteriores del socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, quien suele ser estigmatizado por el PT como un "neoliberal".

Este año el Gobierno va a incumplir su meta de lograr un superávit del 1,9% y lo más probable es que las cuentas públicas terminen en rojo.

"El equilibrio de la economía se hace para poder continuar el avance social que alcanzamos. El ejercicio fiscal significa elegir prioridades", afirmó Levy, sugiriendo que se mantendrá el gasto social. A su lado, Nelson Barbosa, quien había sido mencionado como el favorito de Rousseff para el cargo de Hacienda pero que resultó postergado por la necesidad de dar una señal contundente a los mercados, reforzó la idea al indicar que el cumplimiento de las metas fiscales "no implica renunciar a las conquistas recientes".

Levy prometió actuar "sin precipitaciones, sin paquetes y sin sorpresas". Pero los mercados ya lo tenían descontado, por lo que la Bolsa de San Pablo terminó con una caída del 0,68% después de una rueda volátil. En tanto, el real se depreció un 0,83% frente al dólar y terminó a 2,529 por unidad. Otros analistas señalaron que los operadores esperaban medidas más concretas y más duras.

Más allá de la reacción de corto plazo, Levy -quien desde 2010 era director de la gestión de fondos de inversión del banco Bradesco, la segunda entidad privada de Brasil- es considerado del gusto del mundo financiero (ver aparte).

"Es un excelente nombre. Austero, riguroso. Esto nos puede dar una señal de que se vienen ajustes fiscales", dijo el economista de TAG Investimentos André Leite.

La presidenta enfrenta un segundo mandato complicado. El PBI de la séptima economía mundial, que en 2010 se disparó un 7,5%, crecerá apenas un 0,2% este año (se espera un 0,l8% para el que viene) y la industria está en retroceso. La inflación es elevada, en 6,59% en 12 meses, por encima del techo de la meta oficial.

La agencia de calificación financiera Moody's revisó en setiembre la perspectiva de la nota soberana de Brasil de estable a negativa y levantó temores de que el país pueda perder su grado de inversión.

En tanto, Alexandre Tombini, que preside el Banco Central desde el inicio del primer mandato de Rousseff, en 2011, y permanecerá en el cargo otros cuatro años, aseguró también que trabajará para que la inflación regrese al centro de la meta oficial (4,5% anual).

Agencias EFE, AFP, Reuters, y

Brasil247, y Ámbito Financiero

Dejá tu comentario