10 de marzo 2011 - 00:00

Conflictos se multiplican: se busca un líder anticrisis

Mañana y luego el 24 y el 25 de este mes se reunirá la cumbre de países europeos, en un escenario dominado por la rebaja de tres escalones en la calificación de la deuda de Grecia por la agencia Moodys, y la prolongación del conflicto en Libia con su impacto sobre los precios del petróleo.

Mientras Grecia y el flamante Gobierno irlandés exigen una rebaja en las tasas de interés de la ayuda de Europa -porque entienden que al nivel vigente no podrán pagarlas-, el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, anticipó en los últimos días una posible suba de tasas en el continente para contrarrestar las presiones inflacionarias desatadas por el aumento del petróleo.

En ese escenario Alemania no se muestra muy dispuesta a aflojar las clavijas en cuanto al costo de los programas de rescate y, por otra parte, los países más débiles de Europa están teniendo que pagar en los mercados tasas sin precedentes para cubrir sus necesidades de financiamiento, lo que agrava su situación.

Esto quiere decir que Europa se enfrenta a dolorosas contradicciones. La necesidad de adecuar los programas de ajuste, por la resistencia social y política que provocan, es rechazada por los países más fuertes de la región conscientes de que los mayores peligros resultantes de la violencia en el norte de África tornan la situación global aún más vulnerable.

Esto se da en el marco de una contradicción de fondo: la desconfianza que la gravedad de los enfrentamientos en Libia, con un gigantesco potencial de contagio, produce en la marcha de la economía global, lleva a cada vez más inversores a los mercados de materias primas que, por ende, suben su precio día a día. El nuevo récord histórico alcanzado por el oro en los últimos días y el precio del petróleo en máximos en dos año y medio, con una suba del 20% en el último mes, hablan a las claras de ese fenómeno.

El alza del oro, que es la única moneda fuerte de la economía mundial, refleja el nivel insuficiente de las tasas de interés para contener la huida desde las divisas tradicionales. La nueva onda de debilitamiento del dólar, la moneda patrón del sistema pero a la vez la que se emite en forma más abusiva para detener la crisis, es parte de este proceso, pero al disminuir su poder de compra multiplica los problemas para las economías en desarrollo, que se ven impulsadas a políticas proteccionistas para defender sus propios mercados. Brasil y aun la Argentina están dando ejemplos en este sentido.

Presiones petroleras

Y las presiones inflacionarias que desata la suba del petróleo son modestas para los países desarrollados, pero asumen una importancia fundamental en los países y en general las poblaciones pobres. La tendencia ascendente de los alimentos básicos -más allá de sus fluctuaciones- es el tema profundo que está detrás de la ola de protestas de los países árabes, y en este contexto financiero internacional parece imposible de revertir porque son destino predilecto de los excedentes de capital. La abundancia de lluvias que finalmente garantiza buenas cosechas ha bajado la presión sobre los mercados de granos, pero el problema de fondo continúa.

Es un círculo vicioso perfecto: la protesta crea más incertidumbre lo que incentiva la fuga hacia las materias primas, lo que agrava el problema social, multiplica los reclamos y por ende, la incertidumbre, y ésta acentúa la especulación con las materias primas...

Se habla de que el mundo está en recuperación económica a dos o tres velocidades distintas. Rápido avanzan los países emergentes, despacio EE.UU. y con grandes contradicciones Europa. Pero el análisis menosprecia «la cuarta zona»: los problemas de los países pobres con escasa oferta alimenticia que directamente se están hundiendo en el hambre. Las sangrientas revueltas en los países del norte de África y el Cercano Oriente hablan de esa cuarta zona que incluye en realidad también a buena parte de la población -los más pobres- de los países supuestamente en recuperación, a cualquiera de las velocidades.

Más de un tercio de la población mundial vive en la pobreza y la crisis alimentaria la lleva a una situación crítica. Pero la tensión social abarca a todo el planeta. Por un lado, la Europa periférica -donde el problema de la deuda lleva a nuevos y grandes desafíos en el corto plazo- y a las necesidades de ajuste en EE.UU., que a pesar de su lento crecimiento del 2,8% en 2010, no puede evitar el ahogo financiero que lleva a los Estados quebrados -como Wisconsin, Indiana, Michigan, Ohio o California- a escenarios muy conflictivos. Precisamente la multiplicación de los conflictos a escala planetaria -y la perspectiva no es precisamente que declinen- es lo que confirma que aún no se aplican las estrategias correctas para superar la crisis.

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