Connolly: “La falta de empatía crea una sociedad desigual”

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Las novelas policiales, de misterio, como sostuvo Graham Greene, son entretenimientos pero, como en su caso, las mejores esconden cosas bajo la mesa, tienen varias lecturas, comenta el destacado escritor irlandés John Connolly, que en sus novelas policiales (que él califica como novelas de misterio) junto a crímenes tenebrosos, a instantes de una enorme violencia, hace aparecer ángeles, fantasmas, demonios, seres mitológicos, como un modo de poner en evidencia la parte oscura de los seres humanos, su fragilidad, la injusticia como norma. Para encarar esa exploración narrativa, Connolly sigue los pasos de Charlie Parker, un expolicía obsesionado por encontrar al asesino de su mujer y de su hija, y que por el camino tiene que enfrentar otros crímenes, otras manifestaciones del Mal.

John Connolly lleva publicadas 15 novelas de la saga que protagoniza el investigador privado Charlie Parker, consideradas una renovación del género, que le han dado fama internacional y se han convertido en sostenidos best sellers. La más reciente novela en español de ese ciclo es "El invierno del lobo", que publicó Tusquets. Connolly ha escrito, además, dos series de novelas para adolescentes y varios libros de cuentos. Dialogamos con él durante su visita para participar en el reciente festival de novela policial Buenos Aires Negra "BAN!".

Periodista: Si recordamos que la novela policial comienza en 1841 con "Los crímenes de la calle Morgue" de Edgard Allan Poe, y si vemos que a partir de entonces las tramas se parecen y los enigmas se repiten, ¿qué es lo que le atrae tanto a la gente y mantiene esa atracción a través del tiempo, convirtiéndolo en un género constantemente de moda?

John Connolly:
Atraen el protagonista y su carácter. Sobre todo en novelas donde el personaje se repite. Leemos para saber cómo piensa, como actúa, qué le sucede. Eso ya está en el Auguste Dupin, de Poe; en el Sherlock Holmes de Conan Doyle, en el Hércules Poirot de Agatha Christie. Ed McBain escribió durante 50 años 55 novelas policiales centradas en los policías de la comisaría del "Precinto 87". Todos los años se podía tener un reencuentro con esos personajes. No importaban las investigaciones que encararan, los crímenes que esclarecieran, el lector agradecía el tiempo que pasaba con esa gente. Es lo que sucedía con Columbo, uno quería volver a ver a Peter Falk investigando. Hay una satisfacción en ese reencuentro. Por eso se leen sagas y se ven series. Hay quienes entran a las librerías y dicen quiero la última de Charlie Parker. Y cuando publico un libro que no es de Parker, las ventas bajan. Hay críticos que piensan que en el thriller el protagonista es sólo un camino y lo que importa es el argumento. No digo que no sea importante, pero la buena ficción está basada en buenos personajes. Si el personaje es verosímil la historia que protagoniza también lo va a ser. Los lectores perdonan un argumento débil siempre que puedan pasar un tiempo leyendo de personajes interesantes. Pero no hay que quedarse ahí. Graham Greene decía que las novelas policiales, de intriga y misterio, eran entretenimientos. Pero él ponía muchas cosas bajo la mesa con el argumento de que eran entretenimientos. Sin declararlo, sus novelas de intriga, como ocurre en todas las grandes novelas policiales, son transportes para ideas más profundas, se abren a múltiples lecturas. Usted entenderá por qué lo digo.

P.: ¿Se considera un renovador de la novela negra por haber incluido lo sobrenatural en la saga del investigador Charlie Parker?

J.C.:
Por hacer eso fui muy criticado por los críticos conservadores. Ese tipo de críticas vienen de lejos. A comienzos del siglo pasado, el teólogo y escritor Ronald Knox publicó un curioso decálogo de las reglas que deben seguir las novelas de misterio, entre las que estaba descartar los agentes sobrenaturales. No se pensó que un autor, si es creativo, debe empezar por romper las reglas, se las tomó como la Biblia olvidando que el género policial es complejo desde su origen, que lo sobrenatural está en "Los crímenes de la calle Morgue" de Poe, en "La piedra Lunar" de Wilkie Collins, una de las primeras novelas de misterio, y en historias de Sherlock Holmes de Conan Doyle, y que si el origen del policial es deductivo, racionalista, la literatura fantástica también tiene esas mismas raíces.

P.: Las novelas de Charlie Parker transcurren en Maine, Estados Unidos. ¿Necesitó alejarse de Irlanda por el peso de una literatura que cuenta entre otros con Joyce, Yeats, Beckett, Heaney?

J.C.:
Sentía un elemento opresivo en la tradición irlandesa, sobre todo en la moderna. Pero en Irlanda encuentro también mis puntos de partida. Allí surgen cuatro de los puntales de la literatura gótica en inglés: Bram Stocker, Sheridan Le Fanu, Lord Dunsany y Charles Maturin, a los que cabe agregar el Oscar Wilde de "El retrato de Dorian Gray". Lo sobrenatural era uno de los elementos de nuestra literatura, de nuestro folklore, de nuestra identidad. Eso se cortó con la independencia. Las ficciones ya habían cumplido su propósito, a partir de ese momento teníamos que ser serios, definirnos como nación. Durante sesenta años no se escribió literatura fantástica. No había lugar para algo así. Acaso por eso busqué instalarme narrativamente en otra parte. Luego de un viaje había quedado fascinado con Maine, ahora tengo una casa allí. A veces estoy en Dublin, otras en Maine, y otras, como esta vez, por el mundo.

P.: ¿Fue su formación católica la que le hizo fácil hacer aparecer lo sobrenatural en algo tan racional como la novela negra?

J.C.:
Irlanda por el catolicismo, por el sentido religioso, nunca se sintió cómoda con el racionalismo. En mis novelas hay diferentes presencias de lo sobrenatural. En "Perfil asesino" está lo religioso y hay fantasmas, en "El poder de las tinieblas" está el cuento de hadas, en "El camino blanco" mitología griega. Fusiono elementos que vuelven interesante de otro modo la historia. Por otra parte, un chico puede salirse del catolicismo, dejar de serlo, pero el catolicismo no se sale del chico. La religión tiene un efecto perdurable cuando somos jóvenes, y acaso sean la fuente de lo sobrenatural que hay en mis novelas, los temas del Mal, del castigo y la redención.

P.: Charlie Parker ve ángeles y fantasmas, tiene a la vez una enorme violencia y una enorme empatía, siente el dolor del otro.

J.C.:
Ante un gran trauma hay gente que quiere sufrir sola, y los que quieren que otros entiendan el dolor que sienten hasta haciéndolos sufrir, creen que así pueden entiender lo que ellos sienten, y están quienes no quieren que nadie más sufra lo que ellos han sufrido. Parker está lleno de dolor y rabia, busca al asesino de su mujer y su hija. Comienza siendo de los primeros, de los que quieren ver sufrir como éel sufre, luego va aminorando su violencia, va a ir pasando a ser uno de los que no quieren ver sufrir a otros lo que ellos han sufrido. Encuentra una salida a su dolor en el uso de la violencia cuando lo cree necesario. Va sabiendo que no es el camino, que la redención pasa por el sacrificio en la ayuda de los otros, del pobre, del débil, del excluido. La empatía es la mayor de las emociones humanas, de allí sale todo lo bueno; él la tiene. La falta de empatía impulsa una sociedad desigual. Si en el corazón del thriller hay un investigador privado que defiende a los vulnerables y a los débiles es porque las fuerzas estatales no están dispuestas a hacerlo. En el núcleo de este género violento hay compasión y solidaridad social.

P.: ¿Cómo se lleva con Charlie Parker después de quince años de estar contando sus aventuras y sus dramas?

J.C.:
Me cae mejor ahora que cuando empecé a escribir sobre él. Tiene un sentido de la vocación casi religioso. Carga sobre sus espaldas los pecados de los demás. Lleva su cruz de forma semejante a Cristo. No puede dejar de ver lo que sucede. En "Un tiempo de tormentos", una persona le dice: tenés que tener cuidado Charlie, estás sangrando por la palma de las manos. Es explícita la analogía con Jesús. Creo que hay algo admirable en su perseverancia.

P.: ¿Es por la influencia de sus novelas que muchos autores de novela negra están incluyendo en sus historias elementos sobrenaturales, góticos, típicos del terror y la literatura fantástica?

J.C.:
Varias personas me han comentado que vieron mi influencia en la serie "True Detective", entre otros lados. No creo que yo haya tenido esa influencia. Todos recibimos influencias y tomamos elementos prestados. Yo lo he hecho de James Lee Burke, de donde aprendí que la novela de misterio puede aspirar a ser literatura, que no hay por qué dejar de usar metáforas, descripciones poéticas, exigencia en el lenguaje, elementos sobrenaturales. Otra fuente es Ross Macdonald que me mostró la empatía que provoca el género. Por otro lado, más allá de las influencias uno observa que a veces lo que comienza en las fronteras, en los autores del margen, luego es absorbido por la alta cultura, o pasa a ser algo común, parte de la narrativa más convencional.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

J.C.:
"A time of torments" que sale el año que viene en inglés. En esa nueva novela, Charlie Parker se enfrenta a La Corte, un grupo de hombres que gobiernan por el terror, la intimidación y el asesinato, en nombre del Rey Muerto. En febrero aparece en español "A song of shadows". Este año aparecieron en inglés "Empire" de la trilogía para adolescentes "Crónica de los invasores", y el segundo tomo de la colección de relatos fantásticos "Nocturnos".

P.: ¿Cómo hace para escribir todo eso?

J.C.:
Es que no tengo otro trabajo como la gente.

Entrevista de Máximo Soto

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