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Conteo: Cristina amplió la ventaja; Alfonsín, segundo

La Presidente obtuvo, revisados los datos, 398.898 votos más que lo que trascendió el día de la elección, con lo que trepó del 50,07% al 50,24%. Además de correcciones, responde a que el provisorio tomaba menos del 95% del padrón.
En tanto, el candidato de UDESO creció unos 95 mil votos, con lo que se alejó de su seguidor del Frente Popular, quien sumó, en el definitivo, 78.157 votos más. El porcentaje final quedó en un 12,20% para Alfonsín, mientras que Duhalde cerró la elección con un 12,12%.
Un paso atrás quedó Hermes Binner, que bajó del 10,26 al 10,18% tras recuperar, en el recuento, 44.565 sufragios. Síntesis: el recuento, más allá de las especulaciones y versiones, no modificó el ranking general ni produjo variaciones que modifique espacios o tendencias.
Tuvo, de todos modos, un valor adicional. Por las denuncias de fraude de la oposición y los planteos sobre «más errores» que en otras elecciones admitido por jueces, el Gobierno abrazó ayer el escrutinio definitivo como una reivindicación y una norma ISO sobre la transparencia de la elección.
Lo hizo, en persona, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, promotor y «fronting» de la reforma electoral que impuso las primarias que reprochó las acusaciones opositoras sobre irregularidades y, en la ráfaga, apuntó a los medios por reproducirlas.
Randazzo, montado a los registros elaborados por la Cámara Nacional Electoral a partir de los despachos de los jueces federales con competencia electoral de cada provincia o distrito, aseguró que el error entre el escrutinio provisorio y el definitivo fue de sólo un «0,03%».
Anuladas
«Estas cifras reflejan lo que habíamos informado, contrariamente a lo que quisieron instalar algunos medios y dirigentes de la oposición atacando no a un Gobierno sino a una calidad institucional de la que tanto hablan y a la que poco contribuyen», pegó el ministro.
De todos modos, sólo en la provincia de Buenos Aires se anularon 273 mesas en las que se detectaron irregularidades. La oposición, en los días previos, pidió la apertura de unas 2.000 mesas, pero la Justicia ordenó que no se abrirían y sólo se entrecruzarían datos de telegramas y actas.
Se trata de una cifra menor: sobre un universo de 31.519 mesas bonaerense, sólo se anularon 273.
A modo de vindicación, Randazzo aseguró ayer que «todas» las coberturas sobre el escrutinio fueron «mentirosas» por reflejar las quejas y sospechas de la oposición. «El pueblo argentino ha votado de manera transparente y que lamento este tipo de maniobras que le hacen mal a la política», dijo el funcionario.
En paralelo, consideró que no «es momento» para evaluar eventuales «reformas a la Ley de Primarias», alternativa que comenzó a evaluarse en algunos ámbitos de Gobierno, incluso a pesar de que electoralmente fue un resultado estruendoso a favor del oficialismo.
Frente a una victoria de tal dimensión, la oposición agitó la versión del fraude que segmentó en el «sistemático robo de boletas» además de la «adulteración de telegramas y actas» de escrutinio.
Ambos argumentos son incomprobables por la negativa o por la positiva. Es imposible evaluar la dimensión del potencial faltante de boletas, así como, sin apertura masiva de urnas, no se puede determinar si efectivamente hubo errores importantes en la confección de las actas.
El Gobierno determinó, vía Randazzo -convertido en un cruzado a favor de la Ley de Primarias, tema que Cristina de Kirchner apenas abordó-, que el escrutinio definitivo cancela esas objeciones y sospechas.


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