5 de mayo 2011 - 00:00

Contra lo afirmado, tortura no dio la principal clave

George W. Bush diseñó una polémica juridicidad para dar amparo a la lucha contra el terrorismo. Con el fin de dar vuelta la página, el «nuevo comienzo» que Barack Obama propuso al mundo incluyó un compromiso explícito de que la tortura sería dejada de lado. Sin embargo, la versión disparada por el jefe de la CIA, Leon Panetta -ayer parcialmente desmentido por la Casa Blanca-, de que las confesiones que condujeron al búnker de Abotabad habían sido arrancadas bajo apremios en Guantánamo, reabrieron el debate en EE.UU. sobre los métodos de su inteligencia. Un artículo de The New York Times, con la firma de los cronistas Scott Shane y Charlie Sayage, transitó ayer la polémica y desmenuzó hasta qué punto la tortura aportó datos para ubicar a Bin Laden. Veamos.

Imágenes de Osama bin Laden y Barack Obama fueron proyectadas ayer durante una cadena de oraciones realizada en Yakarta, Indonesia, en honor del terrorista asesinado. EE.UU. teme que el episodio estimule deseos de venganza entre los extremistas.
Imágenes de Osama bin Laden y Barack Obama fueron proyectadas ayer durante una cadena de oraciones realizada en Yakarta, Indonesia, en honor del terrorista asesinado. EE.UU. teme que el episodio estimule deseos de venganza entre los extremistas.
¿Las pruebas clave de inteligencia que condujeron a la muerte de Osama bin Laden fueron obtenidas con brutales interrogatorios?

Mientras los funcionarios de inteligencia revelaban pistas que condujeron al complejo donde Bin Laden estaba escondido en Pakistán, un coro de funcionarios de la administración Bush reivindicó la implementación de sus «técnicas de interrogatorio mejoradas», como el submarino.

Entre ellos se encuentra John Yoo, exfuncionario del Departamento de Justicia que escribió memorandos secretos que justificaban legalmente los interrogatorios violentos. «El presidente Obama puede arrogarse el crédito, con razón, del éxito de hoy, pero se lo debe a las difíciles decisiones tomadas por la administración Bush», escribió Yoo el lunes en National Review.

Sin embargo, una mirada más de cerca a los interrogatorios sugiere que las técnicas duras tuvieron, como mucho, un papel menor en la identificación del mensajero de Bin Laden.

Uno de los detenidos, que al parecer fue sometido a algún tratamiento brutal, proporcionó una descripción clave del «correo», de acuerdo con lo informado por funcionarios y exfuncionarios. Pero dos prisioneros que padecieron las técnicas más duras -incluido Jalid Sheik Mohamed, sometido al submarino 183 veces- engañaron en numerosas ocasiones a sus interrogadores sobre la identidad del mensajero.

Los métodos que llevaron a la desaparición de Bin Laden reavivaron un debate nacional sobre la tortura. El expresidente Bush y muchos conservadores argumentaron durante años que el uso de la fuerza era necesario para hacer hablar a milicianos de Al Qaeda. Defensores de derechos humanos, y Obama mientras estaba en campaña, dijeron que la táctica de la tortura traicionaba los principios norteamericanos a cambio de poco o nada.

Funcionarios del Gobierno de Obama trataron de evitar que se reavive una pelea partidista sobre la tortura. «La conclusión es ésta: si hubiéramos tenido algún tipo prueba irrefutable obtenida por técnicas de submarino en 2003, habríamos atrapado a Osama bin Laden en 2003», dijo Tommy Vietor, vocero del Consejo de Seguridad Nacional. «Llevó años la recopilación y análisis de la información».

Desde el momento en que los primeros sospechosos de Al Qaeda fueron capturados, los interrogadores, tanto en la prisión militar de Guantánamo como en las cárceles secretas de la CIA, se centraron en la identificación de sus «correos».

«Sabíamos que si alguna vez íbamos a atrapar a Osama bin Laden, sería porque ubicaríamos a alguien estrechamente vinculado con él, a quien le tuviera confianza», dijo Charles D. Stimson, alto funcionario del Pentágono a cargo de los detenidos entre 2004 y 2007.

En 2002 y 2003, los interrogadores escucharon por primera vez sobre un «correo» de Al Qaeda que utilizaba el alias de guerra Abú Ahmed al Kuwaití, pero su nombre fue sólo uno más entre un montón de datos no corroborados.

Después de la captura, en marzo de 2003, de Jalil Mohamed, jefe intelectual de los atentados 11 de septiembre 2001, éste fue sometido a golpes contra las paredes, inmovilización en posiciones de estrés y mantenido despierto durante 180 horas.

Preguntado sobre Al Kuwaití en el otoño (boreal) de 2003, meses después de padecer el submarino, Mohamed reconoció haberlo conocido, pero confesó que estaba «retirado» y le quitó importancia.

En 2004, sin embargo, un agente de Al Qaeda llamado Hasán Ghul, capturado en Irak, dijo a sus interrogadores, según un funcionario estadounidense, que Al Kuwaití fue un mensajero de confianza que estaba cerca de Bin Laden, así como Abu Faraj al Libi, quien se había convertido en el jefe operativo de Al Qaeda después de la captura de Mohamed. Al Kuwaití, según Ghul, no había sido visto por mucho tiempo, por lo que los investigadores sospecharon que había sido escondido por Bin Laden.

Los detalles del tratamiento sobre Ghul no son claros. Un funcionario recordó que fue «muy cooperativo», y que las técnicas brutales, en su caso, habrían sido breves. Ya con el relato de Ghul sobre la importancia del correo, los interrogadores le preguntaron otra vez a Mohamed sobre Al Kuwaití, pero aquél no cambió su versión.

Al Libi fue capturado en mayo de 2005 y entregado a la CIA. Negó conocer a Al Kuwaití y dio un nombre diferente de un correo de Bin Laden, a quien llamó Maulawi Jan. Los analistas de la CIA llegaron a la conclusión de que tal nombre fue una invención de Al Libi, recordó el funcionario.

La CIA dijo que no utilizó el submarino contra Al Libi, pero días después de su captura y antes de su interrogatorio, el organismo presionó al Departamento de Justicia para justificar métodos brutales.

Debido a que Mohamed y Al Libi habían alejado a los investigadores de Al Kuwaití, funcionarios llegaron a la conclusión de que lo estaban protegiendo por una razón importante. «Las joyas de la corona de Al Qaeda eran el paradero de Bin Laden y los datos operativos de su seguridad», dijo la fuente. Ello llevó a agentes de la CIA a permanecer en su búsqueda, lo que derivó en el descubrimiento de su verdadero nombre -no revelado- y a su paradero. Él, a su vez, sin saberlo, condujo a la guarida de Bin Laden. Al Kuwaití y su hermano estaban entre los que murieron en el ataque del domingo.

Dejá tu comentario