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Contraste de estilos en el Museo Rodin de París
Obra del alemán Joseph Beuys, uno de los artistas seleccionados para describir cómo a partir de la ruptura con el clacisismo formal Rodin nutre a los principales creadores del siglo XX.
El objetivo de la muestra es establecer un diálogo entre el magnífico Rodin y una serie de embajadores científicamente seleccionados para describir cómo a partir de la ruptura de este gran escultor del clacisimo formal nutre a los principales creadores artísticos del siglo XX de los dos continentes.
El legado de Miró (1893-1983) participa en la exposición a través del ensamblaje de bronce «La femme à la cruche», enfrentado a «La Mujer centauro» de Rodin (1840-1917), por jugar ambas con la combinación de elementos.
El objetivo del museo es «crear una diferenciación y una tensión» que incite a la reflexión, explicó el director del centro, Dominique Vièville. «Al asociar por la fuerza obras de diferentes artistas, se pueden identificar puntos comunes, pero al servicio de estéticas muy diferentes», aclaró Viéville.
Lo más importante de ésta exposición es cómo Rodin fue reinterpretado por otras tendencias a lo largo del siglo XX por grandes figuras. Mucho se ha aprendido desde entonces de los estudios de sus modelos. Naturalmente, una reevaluación del arte de Rodin se deriva en trabajos de historiadores de arte, curadores y artistas consolidando una obra totalmente enriquecida.
La muestra consiste en once secciones diferentes. Las secciones se diferencian en el material seleccionado, las terminaciones, cómo se ensamblan las distintas series, pero lo que no busca la muestra es una conexión directa entre las distintas secciones o algún tipo de afinidad. Lo que crea es una visualización de los trabajos de Rodin y el contraste con 21 otros artistas de gran categoría. Crea una tensión sin llegar a una justificación formal.
Nos parece oportuno recordar que el diálogo entre el Museo de Bellas Artes de la Argentina y Auguste Rodin (1840-1917), lo inició su primer director, Eduardo Schiaffino. Por esa razón, en 1908, Rodin regaló al Museo su escultura paradigmática «El Beso».
Luego, el tema de La Puerta fue tomado por Rodin de los textos del Infierno de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. Entre otros personajes reconocidos, en La Puerta están Ugolino y sushijos; el propio Dante, que es «El Pensador»; y también Paolo y Francesca, que representan «El Beso».
Rodin continuó trabajando y realizando modificaciones que fueron transformando La Puerta, cuya primera muestra pública fue en la Exposición Universal de París de 1900, pero en yeso. Justamente este hecho, generado por La Puerta, así como el Monumento a Balzac, encargado por la Sociedad Gente de Letras en 1891, ambos expuestas en estas muestra, marcan la introducción del modernismo en la escultura, ya que este gran maestro francés lleva a cabo la ruptura con la estatuaria clásica y posibilita la apertura que se desarrollará en la escultura del siglo XX. Curiosamente dos obras cuyos encargos habían sido anulados son las catalizadoras de esta ruptura epistemológica.
La primera fundición en bronce de La Puerta fue realizada después de la muerte del artista, que había donado al Estado francés todas sus obras y también los derechos de reproducción para realizar ediciones en bronce de los yesos del legado.
Rodin se emancipa de la estatuaria clásica e inicia, en la segunda mitad del siglo XIX, un formato diferente para las obras tridimensionales. La obra se acerca más a la pintura y en ese sentido, Rodin anuncia el fin del clasicismo.
Ese concepto de estatuaria clásica que se mantuvo por varios siglos, fue ya rechazado por el gran crítico y anticipador Charles Baudelaire, quien en el Salón de 1846, se preguntaba por qué la escultura era aburrida. De sus escritos sobre el arte interesan todavía hoy las reflexiones estéticas del gran poeta. Empieza rescatando a la burguesía, sin duda para quebrar las propuestas del positivismo y el socialismo, que sólo aceptaban un arte subordinado. A los burgueses les indica, comentando el Salón de 1846: «Necesitan ustedes del arte, que es un bien infinitamente precioso».
Rodin el primero que dejó de lado el clásico pedestal, haciendo que sus figuras surgieran en el espacio, independiente de sus apoyos. Por ello, Rodin, tan polémico para sus contemporáneos, fue el símbolo de la nueva escultura, en la que el valor artístico trasciende, y va más allá de la función ornamental o simbólica. Su visión de la figura humana genera una propuesta diferente que lo lleva a deconstruir las figuras y presentarlas con una visión de exaltación que toma sin lugar a dudas de Miguel Angel, a quien había descubierto en su viaje a Italia, en 1875. En él encuentra la energía expresionista que había sido tan discutida por la tradición académica.
Podemos decir que Rodin reivindica la escultura y genera el caldo de cultivo que luego desarrollan los grandes maestros del siglo XX. Maestros como Alberto Giacometti que es por la naturaleza de su trabajo y debido a su estrecha amistad con el filósofo Jean Paul Sartre, el artista que más se identifica con el movimiento moderno existencialista. Parte de su importancia histórico-artística surge de la figuración de la figura humana. Totalmente influenciado por el Arte Etrusco de toda la zona del norte de Italia, es decir La Toscaza. Ciudades como San Giminiano, Volterra (La ciudad de las Torres), Piza, Firenze.
También Marcel Duchamp (1887-1968) quien hacia 1915 propone dejar la «pintura retiniana», para «así pasar a la idea». Sus notas relativas al gran Vidrio (1915-23), que fueron editadas en 1934, y otros textos suyos, además de obras como los ready-mades, son pre-conceptuales, si cabe decirlo así. Kosuth, el teórico mayor del Conceptualismo, ha definido esta tendencia como «una investigación sobre la naturaleza».
Para finalizar, otros embajadores de la muestra son el alemán Joseph Beuys (1921- 1986), Willem de Kooning (1904-1997). Otros artistas modernos y contemporáneos presentes en la cita que cierran una lista con nombres de la talla de Jean Fautrier, Lucio Fontana, Jean Dubuffet, Merced Broodthaers, Eduardo Paolozzi, Anthony Caro, Eric Cameron, Richard Serra, Bruce Nauman, Haim Steinbach, Ugo Rondinone, Douglas Gordon, Urs Fischer y la fotógrafa francesa Sophie Ristelhueber.


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