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Córdoba confirma que Buenos Aires ya no hegemoniza el arte
Una obra de la serie «Espíritu del tiempo», de Remo Bianchedi, cuya muestra, integrada por más de 300 pinturas y dibujos, ocupa las salas más amplias del bello Museo Caraffa de Córdoba.
El padre de los museos cordobeses, el Emilio Caraffa presentó en la tarde del jueves las muestras «Trabajos 2006 al 2010, una instalación», de Remo Bianchedi; «Mulas y caballos» de Adriana Bustos; «En el arte concreto actual» de Juan Melé; «Divino», una serie del colectivo integrado por Leo Chiachio y Daniel Giannone; «Otras escrituras» de Juan López Martínez, y «Enfoques sobre la fotografía contemporánea. Diálogos a la intemperie» del Proyectolux, un equipo destinado a la enseñanza de profesores y artistas nacionales e internacionales.
La exposición de Bianchedi, artista radicado en La Cumbre, está integrada por más de 300 pinturas y dibujos que ocupan las salas más amplias del bello Museo cordobés. A través de diversas historias y la figura humana como presencia reiterada en todos sus trabajos, Bianchedi explora las posibilidades de la imagen como medio expresivo. En sus obras se percibe por un lado, la influencia del retrato fotográfico, que le brinda al conjunto la apariencia de un registro documental, con la connotación de autenticidad que implica la foto. Por otro lado, las imágenes provienen de la imaginación de un artista perceptivo, que indaga la complejidad de los sentimientos y sensaciones de la naturaleza humana. No obstante, Bianchedi parece haber tomado distancia en esta muestra de sus propias fantasmagorías, de los rostros de las víctimas que poblaban sus obras, de las expresiones de dolor sin atenuantes. Sus trabajos abandonaron la literalidad de la denuncia. Allí están ahora las encarnaciones de sensaciones y sentimientos oscuros, tan ensimismados en su propio misterio, que resulta imposible traducirlo en palabras.
El arte es la materia que comunica lo incomunicable, y si bien las obras de Bianchedi se han tornado enigmáticas, se han cargado de resonancias que van más allá del relato. El punto de partida de esta muestra es el incendio del castillo de Immendorf , cuando en el año 1945 un comandante alemán quema parte de la pinacoteca de la Galería Moderna de Viena, para evitar que estos tesoros pasen a las manos de los «bárbaros rusos». Entre la pinturas había una obra «grandiosa y metafísica» de Gustav Klimt que vale la pena admirar (http://www.historiadelarte.us/pintores/gustav-klimt/gustav-klimt-la-filosofia.html).
De los tiempos de residencia forzada en Alemania, donde fue discípulo de Joseph Beuys, nuestro artista heredó una vocación docente que ejerció durante años en Córdoba. También es alemán el Sturm und Drang (algo así como el sentimiento de estar en la tormenta) que acompaña a Bianchedi desde entonces, y que sobrevuela las salas del Caraffa.
La conexión con la vida real está presente en la obra de Bustos, talentosa fotógrafa que vive y trabaja en Córdoba. En el año 2005, Bustos presentó una foto en el Premio Cultural Chandon, que sólo se llevó una mención del jurado aunque merecía un galardón. Ésta y otras menciones y premios sin embargo, le brindaron visibilidad y la colocaron entre las figuras más interesantes de la nueva generación. La imagen del Chandon mostraba un carrito cartonero, de los tantos que aparecieron con la crisis, tirado por un caballo que se reflejaba en el espejo retrovisor de un auto último modelo, un 4 x 4. La fotografía, que está presente en la exhibición antológica del Caraffa, ostenta como título la elocuente frase grabada en el retrovisor: «Objects in mirror are closer than they appear (Los objetos en el espejo están más cerca de lo que parece).
Curada por Eva Grinstein, la muestra explora las diversas disciplinas que la artista aborda a partir de la fotografía (dibujo, pintura, video, instalación), y a la vez las distintas investigaciones en las que trabajó los últimos años. A raíz del encuentro con un caballo llamado Cerrito, comenzó a realizar una serie de retratos de animales en su entorno natural y a pintar unos telones donde replica los paisajes serranos del pintor cordobés Egidio Cerrito, que es una presencia clásica en las casa de clase media. Las fotografías resultan escenográficas, y los retratados (mulas y caballos) adquieren a través de su lente un protagonismo sorprendente. Su última investigación trata sobre las mulas que en el Virreinato trasladaban el oro y la plata al puerto de Buenos Aires, y el descubrimiento de las llamadas «mulas», o sea, las mujeres que trasladan drogas por la misma ruta y que constituyen el 70% de la población carcelaria cordobesa. Cada imagen relata una historia personal cargada de miserabilidad, penurias y tristeza.
El arte juguetón de Chiachio y Giannone rompe el drama de un modo abrupto. Con sus autorretratos bordados que son genuinas manualidades, no vacilan al encarnar situaciones ridículas. Desde el arte antiguo hasta la fecha, el humor es un bien escaso, pero en la Argentina de hoy, Leo y Dani y su mascota (también bordada en los cuadros), son fieles herederos del grotesco y la parodia. Con una modalidad que oscila entre la ternura y el atrevimiento, muestran su felicidad sin reparos. El humor desopilante y a la vez sofisticado de la obra tiene como soporte todo el saber teórico que avala «el arte por el arte», con la alegría incluida, que se incrementa para Giannone al volver a su Córdoba natal. Con un barroquismo excesivo y un afán ornamental, los artistas se autorretratan como feroces indígenas o como budas de sus fantasías orientalistas.
Ambos comenzaron su carrera en 2004, bordando pañuelitos bajo la mirada atenta de Jorge Gumier Maier, y hoy se suman a la larga trayectoria de la aguja y el hilo que se remonta a los bordados precolombinos y, más recientemente, a los de los brasileños Artur Bispo y Leo Nielsen, el paraguayo Feliciano Centurión y la misionera Mónica Millán. No se debe olvidar que el bordado también tiene su status, y la muestra exhibe las formas que puede adoptar en la actualidad.
Para completar un interesante panorama que el público cordobés sabe apreciar muy bien, están las muestras de Juan López Martínez, curada por Alberto Petrina, la del artista Juan Melé que perteneció al movimiento concreto y exhibe sus últimos trabajos, y los videos y fotografías de Proyectolux. En suma, el Caraffa con sus siete múltiples exposiciones anuales, cumple con la función orientadora de un buen museo, que finalmente es la mejor escuela de la mirada para las nuevas generaciones de artistas.
* Enviada Especial


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