8 de marzo 2011 - 00:00

Creadores modernos intentan hacerse ver en Mar del Plata

Instalación de Dolores May, «La gran caña», en el foyer de entrada del Auditorium
Instalación de Dolores May, «La gran caña», en el foyer de entrada del Auditorium
Ante la distraída marea de turistas que invade Mar del Plata este largo fin de semana, más de 300 artistas de todas las disciplinas y de todo el país, desde el viernes hasta hoy, presentan centenares de exhibiciones, conciertos y performances, pero pasan prácticamente inadvertidos.

Para la segunda edición de la Semana del Arte, los artistas ocuparon grandes espacios como el Auditorio del Teatro Provincial, la Plaza de Aguas, el Teatro Colón, el Centro de Arte MDQ, Escena abierta, el Circuito Comercial Guemes, la plazoleta de acceso al Auditorium y la playa misma. Sin embargo, según cuentan los jóvenes marplatenses, el arte no figura en los planes. La gente, se quejan, no está sensibilizada ante lo que se le ofrece a los paseantes, que desfilan sin verlo.

No es de extrañar, entonces, que artistas como Sergio Avello o Daniel Joglar partieran hacia otra parte. Mar del Plata alberga no obstante, un numeroso grupo de artistas emergentes; algunos marchan a Buenos Aires en busca de una carrera que aquí se vislumbra difícil; pero otros se aferran tercamente a una ciudad que aman y les resulta inspiradora.

Durante la Semana del Arte la más convocante de las acciones fue el «Proyecto Deriva», ejecutado por los performáticos Daniel Acosta e Ignacio Mendía, que lanzaron al mar sus barquitos de papel cargados de deseos. Luego, frente a la Plaza Colón y la Playa Bristol, en las emblemáticas escalinatas del Casino, ambos artistas organizaron una auténtica manifestación: ocuparon el lugar con grandes algodones en los oídos para protestar por la polución sonora generada por la invasión de parlantes a todo volumen y el tránsito incesante de colectivos, que con sus frenadas y bocinazos, no permiten escuchar el sonido del mar.

Pasado

Dueña de una tradición elegante, ya que en los principios del siglo pasado Mar del Plata fue la ciudad elegida por la sociedad criolla para pasar el verano, la metrópolis cambió su estilo repentinamente al promediar el siglo XX, al igual que en su momento lo hizo París con los boulevares de Hausmann. A pesar del avance de las torres y los grandes edificios y la desaparición de la bellísima Rambla, todavía se conservan algunos emblemáticos monumentos históricos. Y hay hasta algunos barrios enteros, con casitas bajas construidas en piedra, que le brindan a la ciudad una identidad inconfundible.

Este extraño producto urbano, con su pasado ligado estrechamente a la cultura sobre todo literaria, ya que Victoria Ocampo, Bioy Casares o Borges eran visitas frecuentes, y su presente populoso, convergen en una historia que resulta inexplicable sin la presencia de las multitudes que van y vienen, como las mareas.

A estos ritmos, a este devenir parecieran responder los artistas. Ellos saben que el pasado tiene su desarrollo en el presente y que cualquier cambio que provoquen va a repercutir en el porvenir. Así, ocupan lugares institucionales de una manera casi parasitaria, y tratan de procurarse lo que nadie les ofrece ni les da. Las curvas y contracurvas, el modo en que se enreda «La gran caña» de Dolores May en las paredes del Auditorio, es casi una metáfora visual de este accionar.

Además, en los botecitos de papel de Acosta y Mendía hay una carga poética inocultable que el discurso político no logra neutralizar. Melisa Cámera es una artista y una gestora cultural que se formó en la exigente Fundación Proa de Buenos Aires, y que si bien conoce el desaliento y las dificultades generadas por la alta tasa de desocupación marplatense, procura a la vez encontrar una manera deseable de habitar una ciudad que la cautiva. Para explicarlo cita al inolvidable Federico Manuel Peralta Ramos, cuando decía: «A mí me gusta acá». Así de simple.

Al culminar la Semana artística, estuvo Florencia Braga Menéndez, quien señaló la ausencia de una política que ampare el arte de Latinoamérica y con su brillante elocuencia señaló qué se supone que es el arte, cómo interpretarlo, cuál es su sentido y su relación con la ética. Con humor discutió que el arte pueda llegar a ser un medio más de comunicación y dijo: «Si veo que este Auditorio se incendia no voy a recurrir al arte, voy a gritar a viva voz: ¡Fuego! ¡Salgan corriendo!». Luego, la multifacética Magdalena Jitrik, pintora abstracta y figurativa, estupenda retratista, artista militante del Taller de Serigrafía, intérprete y compositora, presentó un verdadero cierre para la SAC, a toda orquesta, con su grupo de rock Orquesta Roja.

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