El ícono de Manhattan fue puesto a la venta el año pasado. Ninguna oferta se concretó aún. Ahora Shahal Kahn va tras el hotel con el “Plaza token”.
Trofeo. Todos quieren ser dueños del Plaza. Hasta Donald Trump lo fue.
A pesar del fuerte ajuste que sufrieron las criptodivisas (el bitcoin en diciembre pasado cotizaba a u$s19.000 y hoy opera en u$s6.800), esto no ha desalentado a los inversores y sobre todo a aquellos que buscan financiamiento para proyectos digitales o de la economía real a través de las ICO (oferta pública de monedas digitales). Es, por ejemplo, el caso que involucra recientemente al emblemático Hotel Plaza de Nueva York. La iniciativa pertenece al grupo inversor Quimera, liderado por el fundador de la minera Colt Resources Middle East y presidente de Trinity White City Ventures, Shahal Khan, que planea captar fondos a través de la emisión de una criptodivisa propia en la operación de compra del icónico hotel. Así nacerá el "Plaza token", que actuará como un "security token" respaldado por activos del propio inmueble. De esta forma, la operación permitirá desbloquear la situación de Sahara Group, dueño mayoritario del Plaza, que desde hace meses intenta, desafortunadamente, desprenderse de su participación accionaria.
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The Plaza es propiedad de Sahara Group, que está bajo el control de Subrata Roy, un magnate indio que fue encarcelado en 2014 por fraudes inmobiliarios, y salió bajo fianza el año pasado. Roy, que trata de deshacerse de sus activos offshore, puso el hotel en venta en agosto de 2017 y recibió varias ofertas, pero aún nada se concretó. El hotel, que fue inaugurado en 1907, tiene una ubicación privilegiada en la esquina sureste de Central Park. Cuenta en la actualidad con menos de 300 habitaciones, luego de la reconversión que permitió el ingreso de departamentos de lujo (tenía 800 habitaciones). Sahara pagó u$s575 millones por el edificio cuando lo compró a Elad Properties en 2012. El príncipe saudí Al-Waleed Bin Talal controla una participación y quiere ejercer una cláusula que le permite igualar cualquier oferta por la participación del 75% de Roy en la propiedad. Vale recordar que el presidente Donald Trump compró el hotel a fines de los 80, antes de declararse en bancarrota y de venderlo en 1995.
Si bien siempre está la opción de salir a la Bolsa, pero en una operación similar a la que encara Chimera por más de u$s400 millones, sólo las comisiones de intermediarios financieros y legales implicarían gastos por u$s16 millones (4%) para la compañía interesada en lanzarse al mercado. De modo que, de concretarse la ICO, sería el puntapié inicial para que otras compañías fueran a buscar financiamiento por esta vía, o sea, lanzando criptodivisas respaldadas por patrimonio propio. Claro que aún la emisión de un token propio no es una operación sencilla ni barata. Porque se basa en una tecnología que pocos inversores aún dominan y que requiere una alta dosis de confianza en la inversión. Lo único gratuito es el diseño del "White Paper" que cumple la misma finalidad que el "Equity Story" de cualquier Oferta Pública de Venta (OPV) y es uno de los primeros pasos a seguir en la formalización de una ICO. Precisamente los desarrolladores de estos contratos inteligentes que comercializan el nuevo token frente a los inversores son escasos. Los más exitosos ya obtuvieron mayores beneficios desarrollando su propia ICO que trabajando para apoyar a otros. Por lo que si aceptan participar del proyecto, ni la remuneración será modesta ni tradicional en su método de pago. Por ejemplo, plataformas como Ethlance, una especie de LinkedIn para desarrolladores de cadenas de bloques, muestran honorarios cercanos a 200 dólares por hora, aunque no especifican si son en cash o en "ether". De modo que por desarrollador se calcula no menos de u$s50.000 durante la escritura de un código. Un trabajo de programación que no finaliza con la creación de una red blockchain y que continúa con la creación del llamado "Crowdsale Smart Contract" o contrato inteligente, que especifica el modo de distribución de las fichas durante el proceso de la ICO (que dependerá de la complejidad del método de emisión y de su minado). Hay que tener en cuenta que los contratos inteligentes no pueden ser modificados una vez que son creados, por lo que es esencial encontrar posibles problemas antes de su aplicación. La experiencia muestra que ya hubo numerosas vulnerabilidades en los códigos que hicieron perder millones de dólares a los inversores simplemente porque no los auditaron en busca de errores, o sea, un costo más a contemplar al presentar una ICO.
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