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Crece conflicto en el Senasa
Los empleados, agrupados en la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), tomaron el edificio central, ubicado en Paseo Colón y Avenida Belgrano, en el barrio porteño de Montserrat, aunque las autoridades del organismo negaron la situación y afirmaron que la jornada laboral era «normal».
Cerca de las 16.30, se concretó una reunión entre los empleados y el presidente del organismo, Jorge Amaya, quien les aseguró que «durante enero» el SENASA resolverá las cuestiones que reclaman.
«Nos prometieron que durante el transcurso del mes que viene van a llegar las soluciones, pero no nos conforma. No convence.
Todo fue de palabra, no hubo ningún acta de acuerdo», dijo Ravetti.
Desde el SENASA se señaló que el abastecimiento de carne no corre peligro para las fiestas ya que las cámaras frigoríficas tienen el stock suficiente para cubrir la gran demanda. Pero los trabajadores dijeron que si la demanda es elevada, las reservas de las cámaras se terminarán en pocos días y si los trabajadores del organismo no vuelven a sus tareas, «no habrá abastecimiento».
Ravetti indicó también que el reclamo principal es para que Amaya dé a conocer en detalle cómo se maneja el presupuesto del organismo y explique por qué hay «problemas de financiamiento». Señaló que en los últimos cuatro años el presupuesto del SENASA creció de $ 160 millones a más de $ 500 millones y aun así «los salarios no están asegurados».
«Esta situación es insostenible», dijo Ravetti, quien además explicó que la protesta no es para que les aumenten el sueldo, sino para que no los «obliguen» a cubrir gastos laborales con sus propios salarios.
«Desde hace cuatro meses estamos financiando el funcionamiento operativo del organismo con nuestro bolsillo porque cortaron el pago de los viáticos y hoy también peligra el pago de haberes de diciembre», dijo el gremialista.
En ese sentido, explicó que unos 3.500 trabajadores encargados del control y de la fiscalización de alimentos y producción primaria son los más perjudicados por los gastos que deben afrontar.
«Recorren los campos. Se trasladan cientos de kilómetros y el organismo no les cubre los gastos. Además, no les asegura el salario. Así no se puede seguir», dijo Ravetti.


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