La cuestión de si la aspirante demócrata a la presidencia de EE.UU. pudo tomar decisiones influidas por donaciones extranjeras a la Fundación Clinton mientras era secretaria de Estado surgió en febrero y resurgió en las últimas dos semanas, espoleada por múltiples investigaciones periodísticas y un nuevo libro.
El expresidente Bill Clinton y su hija Chelsea se vieron obligados a salir al paso de una serie de acusaciones que, si bien no aportan pruebas claras de negligencia por parte de Hillary, sí despiertan dudas sobre posibles conflictos de interés entre su labor en el Gobierno y en la fundación familiar.
"Creo que seguiremos escuchando hablar de este asunto hasta noviembre de 2016 y, si gana Hillary Clinton, oiremos hablar de eso hasta bien entrada su presidencia", dijo Justin Vaughn, experto en política presidencial en la Universidad de Boise (Idaho).
Hace un mes, cuando anunció su segunda carrera a la Casa Blanca, Clinton también abandonó el consejo de administración de la fundación que su esposo creó en 2001 y que recauda fondos privados para invertirlos en proyectos de desarrollo en todo el mundo.
Además, antes de convertirse en canciller en 2008, Clinton, su marido y la fundación familiar asumieron una serie de compromisos éticos con el Gobierno de Barack Obama, entre ellos el de entregar datos sobre cada donación al Departamento de Estado.
No obstante, la Iniciativa Clinton de Salud Global, una rama de la fundación, admitió que no entregó ningún dato al Gobierno sobre sus donantes extranjeros en ese período y una organización canadiense, la Alianza Empresarial Clinton Giustra (CGEP), reconoció que no reveló la identidad de 1.100 de sus donantes.
Esa última organización está encabezada por el magnate minero canadiense Frank Giustra, quien, según el diario The New York Times, obtuvo ayuda de Bill Clinton para que su empresa firmara en 2005 un lucrativo contrato de explotación de uranio en Kazajistán.
Giustra abandonó en 2007 esa empresa, llamada Uranium One, poco antes de que Rusia lanzara una oferta que acabaría en la adquisición gradual de la compañía entre 2009 y 2013.
Dado que Uranium One controlaba un quinto de la producción de uranio en EE. UU., una comisión integradada por altos funcionarios, entre ellos la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton, tuvo que revisar la oferta rusa para comprar la empresa, algo que finalmente se aprobó.
En paralelo, la Fundación Clinton recibió millones de dólares en donaciones de personas con intereses en Uranium One, entre ellos 31,3 millones de dólares de Giustra en 2005 y 2,35 millones del siguiente presidente de la compañía, Ian Telfer, entre 2009 y 2012.
De esos mismos datos parte el autor Peter Schweitzer para argumentar en su libro "Clinton Cash", recién salido a la venta, que ésas y otras donaciones a la Fundación Clinton influyeron en las decisiones de la actual aspirante presidencial durante su período como secretaria de Estado (2009-2013).
Schweitzer reconoció que no tiene pruebas concretas de esa afirmación, lo que llevó a la familia Clinton y a su campaña presidencial a tachar sus acusaciones de infundadas.
"No hicimos a sabiendas, nada inapropiado en lo que se refiere a tomar dinero para influir en políticas del Gobierno estadounidense", sentenció el lunes Bill Clinton, quien pronosticó que las acusaciones a su fundación "no perdurarán".
También se ha pronunciado la hija de Bill y Hillary, Chelsea, que dirige con ellos la fundación y que aseguró al diario The Washington Post que no le "sorprenden" las acusaciones, teniendo en cuenta "la dimensión política" de la campaña presidencial de su madre.
Pese a la aparición de información nueva sobre las donaciones a la fundación mientras Clinton estaba en el Gobierno, el Departamento de Estado indicó este jueves que no planea revisar esos datos para identificar posibles conflictos de intereses.
| Agencia EFE |


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