Río Negro (de nuestra agencia) - Un estado de fuerte ebullición interna se cierne sobre la UCR de Río Negro apenas terminó el escrutinio de las elecciones del domingo para diputados nacionales.
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Los barones del radicalismo que criticaban en sordina al gobernador Miguel Saiz por su alineamiento sin cortapisas con Cristina y Néstor Kirchner salieron abiertamente a criticar esta estrategia del mandatario y a responsabilizarlo por el pobre resultado electoral para un partido que gobierna la provincia desde 1983 sin interrupciones. Sin embargo, esa misma noche dominical, Saiz reiteró su alianza con el matrimonio presidencial: «No cambio el vínculo por un resultado electoral», desafió y abrió un fuerte debate interno con vistas a 2011, aunque después de estos resultados nadie apuesta a mantener el sueño del gobernador de repetir su mandato por tercer período.
Jorge Ferreyra, intendente de Viedma, y Fernando Chironi, ex diputado nacional que se reporta al Comité Nacional de Gerardo Morales, critican duramente al gobernador por su alianza con los Kirchner y reclamaron cambios. Pero la jugada más fuerte provino del vicegobernador, Bautista Mendioroz, quien no sólo marcó diferencias con su gobernador -al mejor estilo de Julio Cleto Cobos- sino que anunció su postulación para el próximo turno gubernamental.
Mendioroz, incluso, fue más lejos al no desechar una alianza con la diputada provincial por el ARI Magdalena Odarda. El vice especula que con el apoyo de Elisa Carrió tendría asegurado en 2011 un triunfo frente al PJ, que debe definir sus candidaturas. Es que el peronismo rionegrino aún no ha logrado superar su eterno internismo, que le viene restando posibilidades de gobernar una provincia que le es esquiva desde el retorno mismo de la democracia. Aún está fresco el recuerdo de los 500 votos con que el ex senador Remo Costanzo perdió la gobernación por no cerrar un acuerdo interno con su eterno adversario, el ex gobernador Mario Franco. Con variantes, pero siempre siguiendo ese mismo patrón, el PJ provincial mantiene sus diferencias. Ahora los principales protagonistas son Miguel Pichetto y Carlos Soria. Pero mientras el jefe del bloque de senadores peronistas se mantiene fiel sin pudor a Cristina de Kirchner, el actual intendente de General Roca no reniega de sus lazos con Eduardo Duhalde, de quien fue ministro de Seguridad bonaerense y jefe de la SIDE. Es indudable que en el momento de elegir los Kirchner no dudarán, especialmente cuando no le perdonan al roquense algunas travesuras que hizo al mandonear en la central de los espías criollos.
Pero, chicanas al margen, ambos popes provinciales dividen su base de sustentación: Pichetto se refugia en los intendentes, muchos de los cuales reniegan de Soria, pese a la exultación que produjo en el jefe comunal el triunfo de su aliado Oscar Albrieu por sobre el radical Hugo Castañón, un hombre de Saiz y por el cual el gobernador paga su costo político.
En esa elección interna, también los barones del radicalismo lo dejaron solo: ninguna otra candidatura se hizo presente para una elección que se imaginaba insegura. De todos modos, el mandatario no fue el único perdedor. Pese a su visceral antikirchnerismo, el senador Pablo Verani no pudo evitar el lanzamiento de Mendioroz y con ello catapultar la candidatura de su sobrino, del mismo nombre y apellido y hoy a cargo de las finanzas provinciales.
En este punto se debate la clave de Río Negro: enfrenta una de las más grave crisis financieras de su historia con un presupuesto prácticamente agotado en la mitad del año. Ello llevará a Saiz a matar o morir junto con los Kirchner, so pena de afrontar un fuerte riesgo de conflictos sociales y de ingobernabilidad mucho antes de que expire su mandato.
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