1 de abril 2009 - 00:00

Crisis y cuentas secretas

Mercados inciertos, volátiles, y más que inciertos bastante ciertos en su comprometida situación. Empresas que claman por rescate, despidos y, en fin, una economía en una suerte de borderline que pone en riesgo, por lo demás, el equilibrio emocional de la humanidad, es el cuadro de situación en el universo conocido.
La postal más dramática de esta infeliz circunstancia la han reflejado los diarios y todos los medios de prensa del mundo en las últimas horas: decenas, cientos, de carpas debajo de los puentes de las ciudades más emblemáticas de la primera potencia, esto es, los Estados Unidos. Gente que ha perdido sus viviendas y sus trabajos viviendo poco menos que a la intemperie. Impensados sucesos, además, hasta hace pocos meses en economías fuertes hacen reflexionar sobre la fragilidad de todo en este mundo cambiante y de cimientos endebles. ¿Es una cuestión de índole económica, moral o política? No es del caso en esta breve nota referir a las causas de este desastre, sino cómo se morigeran los efectos que afectan, por ejemplo, a países como Suiza, y esa nación que se erigía como toda una fortaleza que emergía en materia económica y social, España, y que hoy trastabilla con millones de desocupados, muchos de ellos latinos que comienzan a retornar a sus orígenes.
El ser humano es paradojal por naturaleza, y tal paradoja impulsa a empresas, grupos económicos y políticos. ¿No es una paradoja también que mientras un mundo se desmorona en lo económico o financiero, pervivan ufanas e intocables en diversos paraísos las cuentas secretas?
La acción, la vigencia de estas cuentas que albergan fortunas incalculables, corresponde a sus propietarios, pero la omisión de apelar a ese dinero para recuperar la economía mundial es propiedad de los gobiernos.
Informes
Hace poco tiempo, trascendió una noticia que no despertó demasiado interés en los medios y en la sociedad, pero que marca de algún modo la importancia que tiene el caso de las cuentas secretas por su cantidad y por los montos de dinero que se presume guardan: las autoridades suizas entregaron a los norteamericanos información sobre 300 ciudadanos de ese país que eran dueños de cuentas con dinero proveniente de evasión fiscal, pero se negaron a identificar a otros «50.000 acaudalados» en la misma condición. ¿Cuántos de estos casos están diseminados por todos los paraísos fiscales del mundo?
¿Se insinúa acaso una confiscación? De ningún modo, se trata de levantar los secretos bancarios de manera no sólo de conocer con certeza de que en el marco de esta crisis los Estados no ayudan a quienes no lo necesitan, sino de que no hay fondos inmovilizados provenientes del narcotráfico o de la evasión (que sí deberían tomarse sin más). Se trata de «personalizar una oferta» para los capitales «en orden», que puede incluso ser atractiva para los propios dueños de tales capitales.
¿Imagina el lector un caudal importante de liquidez en manos de todos los bancos del mundo ofreciendo créditos blandos para la producción, o en manos de los Estados, a cambio de bonos, para recuperar la economía?
Pero mientras el mundo atraviesa una crisis sin precedentes, hay una existencia de cuentas secretas con abultados valores bien resguardados.

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