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Cristina busca en Rusia nuevo socio
Cristina de Kirchner fue recibida ayer con flores y una formación marcial en su llegada a Rusia. Luego, al mediodía moscovita, vino el plato fuerte del viaje: el encuentro con Vladimir Putin en su despacho privado. Hablaron de integración estratégica y acuerdos nucleares «con fines pacíficos».
También aludió a los «tradicionales lazos económicos, como la agricultura», pues no en vano la Argentina es actualmente el principal exportador a Rusia de frutas de pepita y limones, y el segundo de peras.
Después de entrevistarse con Putin, la Presidente clausuró en un hotel moscovita el seminario Oportunidades de comercio, inversiones y negocios entre la Argentina y Rusia. «En el mundo actual, los estados recobran un espacio que se creyó que debía ser totalmente abandonado en pos de la regulación de los mercados. Hay que reformular los organismos multilaterales económicos y políticos», dijo en su intervención.
Ese acto fue inaugurado por el ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Taiana, quien viajó con la Presidente junto con una delegación de más de un centenar de personas, fundamentalmente empresarios de la pequeña y mediana empresa, de sectores de alimentos, vinos, agroindustria, componentes eléctricos, textil, carne, cuero, metalúrgico, turismo, química y laboratorios, software, pesca, naval y piezas para automoción. Ausentes en el listado de empresarios se encuentran los vinculados al campo, que exportan el 75% de las ventas de la Argentina a Rusia.
Hoy Cristina de Kirchner será recibida en el Kremlin por el presidente ruso, Dmitri Medvedev, tras lo que se emitirá una declaración conjunta de cooperación estratégica en materia política y económica, con críticas a la política financiera y de defensa de Estados Unidos.
Visión similar
«La visita de la Presidente es el último capítulo del reciente acercamiento entre Rusia y América Latina. Nuestra visión del mundo es muy similar. Somos partidarios de un mundo multipolar», aseguró Leopoldo Alfredo Bravo, embajador argentino en Moscú y continuador de una dinastía familiar que ocupó esa oficina.
Uno de los principales textos que deberían firmarse es un acuerdo de cooperación para el uso de la energía nuclear con fines pacíficos, similar al suscripto recientemente por Rusia con Venezuela o la India. Ese pacto allanaría el camino para la construcción en suelo argentino de la cuarta central nuclear del país por parte de la corporación rusa Atomstroyexport, tras el correspondiente acuerdo entre la Comisión Nacional de Energía Atómica y su contraparte rusa Rosatom.
Además, se espera que la petrolera estatal ENARSA suscriba un acuerdo con la mayor petrolera privada rusa, Lukoil (en negociaciones para entrar en el capital de la petrolera Repsol YPF), para explorar juntas la plataforma continental argentina.
«Nuestras economías son complementarias. La Argentina es un gran proveedor de alimentos y Rusia un gran exportador de combustibles. Los intercambios no han dejado de crecer en los últimos años», dijo Bravo.
De la comitiva participa la ministra de Producción, Débora Giorgi, furiosa ayer por haberse enterado de que en Buenos Aires el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, citaba a los empresarios de las terminales automotrices argentinas a un encuentro por el régimen sectorial que en teoría la funcionaria debía comandar.


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