10 de marzo 2014 - 00:00

Cristina, cita con Francisco para retomar la centralidad política

Cristina de Kirchner, Michelle Bachelet
Cristina de Kirchner, Michelle Bachelet
Cristina de Kirchner encontró una rápida respuesta vaticana y tendrá, el próximo lunes, una cita mano a mano con Francisco, la segunda desde que Jorge Bergoglio, el jefe de la Iglesia criolla al que Néstor Kirchner le atribuía parte de sus males, "reencarnó en papa y, con destreza política y comunicacional, se convirtió en una figura esencial.

En otros tiempos, su marido pulseaba con Bergoglio sobre quién era el que cruzaba Plaza de Mayo para celebrar una audiencia -ninguno de los dos quiso hacerlo-; ahora la presidencia encuentra en Francisco al socio externo para retomar la centralidad política luego de una semana que en Casa Rosada asumen perdidosa por el debate que se generó en torno de la reforma del Código Penal.

La Presidente recurre, ante una agenda local de coyuntura que no la favorece, al protocolo externo: durante 10 días, todas las imágenes que se verán de Cristina de Kirchner en el país serán con actividad fronteras afuera. Primero en la asunción de Michelle Bachelet en Chile, con quien tendrá un encuentro que la chilena pretendió en febrero pero que no se concretó porque, a pesar de que la trasandina había expresado que quería verse con Cristina antes de asumir, en apariencia no fue invitada desde la Argentina.

La Presidente viaja hoy a Chile y vuelve el martes al atardecer. No tiene, en principio, agenda oficial -al menos apariciones- entre el miércoles y el viernes, y el sábado emprenderá su minigira por Europa, con una escala inicial en Roma, para ver el lunes a Francisco, y luego seguirá camino a Francia para ver al presidente François Hollande.

Frenos


En Casa Rosada dan por hecho que la discusión por el Código Penal, que Sergio Massa abrazó como una cruzada personal, empezó a languidecer. Ayer Daniel Scioli y Sergio Berni, cada uno a su modo, parecieron reforzar esa idea: el gobernador dijo que su postura ante la reforma es que impulsó medidas para endurecer penas en la provincia; el secretario de Seguridad sostuvo que más que reformar el Código, hay que aplicar el que está vigente.

Son contados los dirigentes K que le ponen el pecho a ese debate, que tiene como mentor a Eugenio Zaffaroni. La cuestión es simple: la elección de 2013, más que por una creciente incertidumbre económica, se perdió -particularmente en la provincia de Buenos Aires- por el manejo que Massa hizo de la cuestión inseguridad.

La reforma del Código Penal le sirvió, otra vez, esa agenda que excede los legalismos con que pretendió frenarlo, por caso, Jorge Capitanich cuando objetó que no se puede hacer una consulta popular por cuestiones penales. Capitanich fue, en rigor, el único presidenciable del peronismo K que defendió la reforma desde una trinchera legal y más como ministro que como candidato a sucesor 2015.

La expectativa gira en torno a quién subirá Cristina al Tango 01. No por los opositores que ya invitó -y le dieron rápidamente el sí- sino por los oficialistas. En su último raid incluyó a Sergio Urribarri, el gobernador de Entre Ríos, la figura que aparece como el candidato fetiche del cristinismo. Urribarri, "El Pato", eligió el camino corto de la instalación pública: antagonizar con Scioli, justamente un dirigente que se construyó sobre la base de no antagonizar.

Pero esa intriga de la política es un dato periférico. Cristina tendrá una intensa agenda exterior y tratará de utilizarla para retomar el centro de la escena. En el Gobierno, los sectores más cercanos a la Presidente invocan dos elementos: limpiar la agenda de temas ásperos como el Código Penal y apostar a que se modere la cuestión inflacionaria para recuperar la vitalidad política desde el kirchnerismo. Con esa hipótesis se mueve, entre otros, Julio De Vido, que además de citar a intendentes bonaerenses (sin incluir a Scioli en las charlas) salió de gira para respaldar a Urribarri.

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