7 de febrero 2012 - 00:00

Cristina condiciona relación de Piñera con el Reino Unido

La visita oficial que prepara Cristina de Kirchner a su par trasandino Sebastián Piñera pone a prueba el vínculo tradicional de Chile con el Reino Unido.

Sin fecha cierta aún, el periplo está sujeto a negociaciones de detalle entre Héctor Timerman y su colega trasandino Alfredo Moreno. Un nuevo elemento de evaluación diplomática surgió ayer al conocerse la intención del canciller británico William Hague de visitar Chile. La iniciativa fue comunicada por Andrés Chadwick, secretario general del Gobierno trasandino, quien en declaraciones a la radio ADN dijo: «Hay una política del Gobierno que responde a una política de Estado de los últimos años de respaldar la pretensión argentina sobre las Malvinas. Eso para el Gobierno de Chile en nada nos debiera generar ningún tipo de perjuicio en una relación que tenemos muy especial y de amistad con Inglaterra».

Las instrucciones de la Casa Rosada que recibió el canciller Timerman marcan la oportunidad del encuentro de los mandatarios en Santiago en una ventana que va de fines de febrero a principios de marzo.

La proximidad del cónclave presidencial al 2 de abril, fecha en que se cumplen 30 años de la guerra por las Malvinas, teñirá la agenda de temas sensibles, entre ellos: la cancelación de los vuelos de LAN que desde Punta Arenas pasan por espacio aéreo argentino y unen las islas con el continente. Esta decisión política de revisar y dejar sin efecto convenios entre la Argentina y Gran Bretaña -los vuelos de LAN- fue anticipada por la Presidente en la Asamblea General de las Naciones Unidas que se celebró en septiembre de 2011. Si el británico Hague decide viajar a Chile antes del encuentro entre Cristina de Kirchner y Piñera el cuadro estará completo.

Luego del acuerdo del Mercosur -adhirió Chile y la Unasur- que vetó el ingreso de buques con bandera de conveniencia de Malvinas a puertos del bloque, Hague lanzó una ofensiva de contactos bilaterales en la región, arrancó en Río de Janeiro, Brasil y pasó por los países de la Comunidad del Caribe (Caricom), la mayoría excolonias británicas. Otra vuelta con eje en Chile, ¿será sólo exhibir una alianza para mortificar allende la Cordillera?

Habría otra razón, más estratégica, que interesa a Chile y atraviesa todos los escenarios: un conflicto abierto con Perú por la delimitación marítima que está a consideración del tribunal internacional de La Haya y otro con Bolivia por la salida al mar, entraría al mismo tribunal. El Reino Unido tiene un magistrado en esa Corte y otros dos son de la Mancomunidad (Británica) de Naciones (Commonwealth).

De igual magnitud estratégica es el lazo construido por Gran Bretaña con los trasandinos a través de la defensa. El conglomerado británico BAE Systems, el mismo que construyó el destructor HMS Dauntless asignado a la protección de las Malvinas, acordó con el astillero ASMAR, en diciembre de 2010 una extensión de dos años al contrato firmado en 2007, para el mantenimiento de la única fragata Tipo 22 (llamada Almirante Williams, ex HMS Sheffield) y de las 3 fragatas tipo 23, todas ellas adquiridas al Reino Unido cuando Londres comenzaba su plan de recortes fiscales. Las tres fragatas tipo 23 compradas por la Armada chilena en 2005 en el marco de la renovación de la flota fueron la HMS Norfolk, HMS Marlborough y HMS Grafton que se renombraron: Almirante Cochrane, Almirante Condell y Almirante Lynch, respectivamente. El contrato, que incluyó las operaciones de puesta en servicio y mantenimiento de los buques antes de la venta, así como el entrenamiento de los marinos trasandinos fue de 135 millones de libras (248,4 millones de dólares). Uno de los objetivos del acuerdo es la progresiva transferencia de tecnología y capacidades hacia ASMAR y proveer entrenamiento a personal chileno en el Reino Unido.

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