16 de junio 2009 - 00:00

Cristina cree en Moreno: “El desempleo no creció”

Cristina Kirchner recorrió, junto al ministro Lino Barañao, un complejo nuclear en Ginebra.
Cristina Kirchner recorrió, junto al ministro Lino Barañao, un complejo nuclear en Ginebra.
Cristina de Kirchner coronó, vía Europa, la máxima ficción del INDEC: en la meca del trabajo, la OIT, la Presidente usó las cifras de Guillermo Moreno para asegurar que en la Argentina el desempleo no creció, a contramano del fenómeno mundial que desató la crisis financiera.

Invitada top junto a Lula da Silva y Nicolas Sarkozy, la Presidente invocó el último informe del INDEC morenista según el cual en el primer trimestre de 2009, la desocupación se mantuvo en los niveles de la medición de marzo de 2008. Es decir: el 8,4%.

En Ginebra, Suiza, frente a un auditorio de casi 200 dirigentes sindicales, gubernamentales y empresarios de todo el mundo, la mandataria animó la fantasía kirchnerista del desacople local de la crisis internacional. ¿La CGT local? Riguroso silencio stampa.

Hugo Moyano, que hace un mes llevó a la Casa Rosada la preocupación por una creciente ola de despidos y suspensiones, se salvó de tener que asentir con su mutismo -como el resto de la delegación sindical- la teoría de que no hubo despidos en el último año.

Sin refutadores cerca, Cristina mencionó el 8,4% de Moreno, cifra que aunque equipara la de marzo de 2008, está por encima del 8% de junio, del 7,8% de setiembre y del 7,3% de diciembre pasado. Más allá de la estacionalidad, los números -aun los del INDEC- registran una suba.

A la Presidente se le escapó, incluso, un furcio: en otro tramo de su exposición, elogiando la gestión de su esposo, Néstor Kirchner, dijo que entre 2003 y la actualidad, el desempleo bajó del 25% al 7,3 por ciento. En ese caso, prefirió tomar el dato de diciembre.

El sueño K de un aislacionismo bueno en un contexto brutal: la OIT, por el impacto de la crisis, prevé que el número de desempleados este año será récord y afectará a entre 210 y 239 millones de personas, con una tasa de desocupación que se ubicaría entre el 6,8% y el 7,4%.

Idéntico libreto positivista expuso la presidente argentina, en su «clase magistral» frente a sindicalistas y luego en el encuentro que mantuvo con la secretaria de Trabajo de Barack Obama, Hilda Solís, a quien le pidió que transmita el pedido de incorporar a la OIT al G-20.

Meses atrás, Cristina y Lula da Silva oficiaron de voceros de ese reclamo. Por eso, ambos fueron invitados a la asamblea anual del organismo, y en sus exposiciones volvieron a reclamar que la OIT funcione como miembro activo del Grupo de los 20. Es más: pidió que sea llamado para el próximo encuentro del club.

Además del capítulo local, Cristina se mostró en sintonía con las críticas que Lula da Silva e, incluso, el mandatario francés, Nicolas Sarkozy, hicieron sobre los organismos de créditos y su papel frente a la crisis financiera.

«No se puede convivir con paraísos fiscales. No se puede convivir con un sistema financiero que especula con papeles y papeles sin generar un puesto de trabajo, sin producir un zapato, una camisa o hasta una corbata», sostuvo, en un tramo, Lula.

En esa línea, Cristina de Kirchner defendió un «un rol mucho más activo» del Estado «en materia de regulación y control», al considerar que la crisis fue provocada por la falta de control de las calificadoras de los bancos de inversión y del capital financiero.

«Finalmente terminó no solamente autodestruyéndose, sino también afectando el funcionamiento de la economía real», apuntó. Dejó caer, además, una frase para la audiencia sindical: «No es a través de la flexibilización laboral donde se tiene rentabilidad, sino que se tiene rentabilidad cuando se tienen trabajadores bien remunerados y bien calificados».

En tanto, Sarkozy llamó a «revisarlo todo», para «reconstruir un sistema financiero» orientado hacia los empresarios y no hacia los especuladores, enumerando «la vigilancia prudencial de los bancos, la reglamentación de los fondos especulativos, las reglas de contabilidad, los modos de remuneración».

En la media tarde Suiza, Cristina partió hacia Buenos Aires en un avión de 12 plazas, propiedad de Repsol YPF, que el Gobierno alquiló.

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