4 de agosto 2011 - 00:00

Cristina-De la Sota, urgencias mutuas y un pacto en primarias

La relación de De la Sota con los Kirchner siempre fue crítica. Pero el expresidente siempre procuró una convivencia. Hasta ahora, Cristina no pudo.
La relación de De la Sota con los Kirchner siempre fue crítica. Pero el expresidente siempre procuró una convivencia. Hasta ahora, Cristina no pudo.
José Manuel de la Sota enlazó, con menos secreto de lo que sugirieron sus estrategas, el apoyo de los figuras K más visibles de Córdoba. Operó un atractivo recíproco: la necesidad futura del candidato y la presunción kirchnerista de la victoria del PJ.

Eduardo Acastello, en otros tiempos cacique K bendecido por Néstor Kirchner, ahora huérfano de cobertura, hasta empapeló su ciudad, Villa María, con afiches donde posa con De la Sota, hasta hace dos semanas un demonizado por el relato difundido por Olivos.

Sin esa exposición, Fabián «Pipi» Francioni, el nuevo referente K en la provincia, estableció una empatía por ahora indirecta con el candidato: tejió una red de vínculos con el PJ cordobés alineado detrás de «El Gallego», en nombre de la Casa Rosada.

Esa maniobra fue ejecutada por Jorge «Zurdo» Montoya, actual diputado nacional, socio histórico de De la Sota -fue ministro de Gobierno- y ahora armador silencioso detrás de Francioni, alcalde de Leones, que encabeza la boleta de diputados nacionales del FpV.

Montoya rompió -el motivo es incierto- su hermandad con «El Gallego» aunque abandonó el bloque K, en 2008, en pleno conflicto por la 125. Luego volvió a orbitar al kirchnerismo, arrimado por «Juanjo» Alvarez, con quien comparte bloque en el Congreso.

Francioni, protegido de Cristina de Kirchner, activó un proceso de unidad interperonista, con Montoya como nexo, que demostrará su eficacia o su falencia en las primarias del 14 de agosto cuando cuente los votos del kirchnerismo en cada ciudad, comuna o departamento.

«El Pipi», como le dicen en Córdoba, enfrentó horas atrás una prueba del ácido: sentó, el martes, a la Presidente con la cúpula de la Fundación Mediterránea, «think tank» que entrenó a, entre otros, Domingo Cavallo. Una especie de ofrenda del mundo empresario.

Retornos

Este domingo, en tanto, el eje Francioni-Montoya prometió colaborar al intento de retorno de De la Sota. Es, en rigor, más un gesto que un aporte: un mensaje de unidad ante la eventualidad de un triunfo del PJ. Puro consumo interno.

En rigor, más allá de los contactos reservados, la Casa Rosada insiste -como avisó Aníbal Fernández- que no tiene candidato en la provincia. El domingo por la noche alguien podría pagar ese error: cuando mandó romper la negociación con De la Sota, la Presidente compró el supuesto de que sin su respaldo el PJ no podría ganar.

Bailanta

Con una campaña subterránea, que cerrará hoy con una especie de kermesse bailantera, el delasotismo hace cálculos positivos: hablan de una diferencia de entre 6 y 13 puntos a favor de su candidato. En Balcarce 50 reducen la diferencia a 5 puntos. Los K cordobeses sugieren un 7%.

Sin embargo, las estimaciones están condicionadas por dos incógnitas: hay un 12% de indecisos que, según proyectan, podría votar en contra del peronismo. Ese agujero negro estadístico abre la puerta a que, matemáticamente, la elección dé un giro.

Por otro, luego de la experiencia en Santa Fe, no pueden dimensionar el impacto en los resultados -por el corte y por los errores- del sistema de boleta única. En el PJ se consuelan con el envión de Oscar Aguad: el repunte del radical, afirman, lima a Luis Juez.

El Gobierno empezó a asumir, en los últimos días, la posibilidad de tener que convivir con De la Sota. Descansan -cuenta que vale también para el caso de que ganen Juez o Aguad- en lo que es la gran debilidad cordobesa: el monumental déficit de su caja jubilatoria provincial.

Esa vulnerabilidad puede limitar a cualquier gobernador, sea del signo que sea. Por lo pronto, prematuros en sus diagnósticos, anticipan que si gana De la Sota deberá desplegar un gesto de reconciliación hacia la Casa Rosada. Quieren que baje la lista de diputados nacionales del PJ, que por orden presidencial, no puede ir colgada de la boleta de Cristina de Kirchner.

Esa determinación, también depende de Juan Schiaretti. Un indicio: el gobernador incluyó a una dirigente propia, Claudia Martínez, en tercer lugar en la boleta de legisladores nacionales del PJ. Pero también la ubicó como candidata a segunda concejal en la lista con la que Héctor «Pichi» Campana, escoltado por Alejandra Vigo, esposa de Schiaretti, pelea desde atrás la intendencia de Córdoba capital.

Desactivar esa boleta, que comanda Carlos Caserio, sería asumido como una tregua por la Casa Rosada y un empujón ordenador para las primarias del domingo siguiente, en la que Cristina pondrá a prueba su verdadero índice de respaldo público.

En ese turno, la Presidente estará sola: las principales ciudades ya eligieron intendente o lo harán más ade-lante, y este domingo se vota gobernador, legisladores provinciales y autoridades comunales y de tribunal de cuentas, en 207 intendencias y comunas. En total, hay 425.

Aparecen, además, distintos factores en escena: la zona sur de Córdoba tiene empatía con San Luis y ahí podría obtener un buen resultado Alberto Rodríguez Saá; en la zona fronteriza con Santa Fe, lo mismo ocurre con Hermes Binner. En la Capital, montado a los buenos indicadores de Ramón Mestre, Ricardo Alfonsín rankea bien.

Esa dispersión podría, al final, ser una ventaja: según detalló ayer un dirigente del PJ cordobés, la Presidente redondea una media de 30% en toda la provincia, lo que le alcanzaría para pelear el podio de la primaria. En Casa Rosada, esperan que una potencial victoria de De la Sota funcione como envión positivo.

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