6 de abril 2009 - 00:44

Cristina desafió con el ajuar las restricciones musulmanas

En Qatar, Cristina de Kirchner no respetó las pautas culturales de ese país y vistió transparencias, escotes profundos, lentes de sol y faldas demasiado cortas.
En Qatar, Cristina de Kirchner no respetó las pautas culturales de ese país y vistió transparencias, escotes profundos, lentes de sol y faldas demasiado cortas.
Ella, que suele incorporar algo del atuendo autóctono de las tierras que visita, aun sin temor a posar fuera de estilo o que no le siente elegante, desatendió esta vez el protocolo y las costumbres islamistas. Exhibió transparencias, escotes y ajustadas prendas, como una adolescente rebelde o como quien se equivoca de valija. Un desacierto como pocos, en latitudes como la de Qatar, donde esos gestos son más imprescindibles que el gorro de piel en Rusia, las telas estridentes en Brasil o la boina parisina en Francia, que no dudó llevar en su equipaje.
No sólo eso, casi pareció desafiar las reglas, ella que no olvida nunca prendas elegantes y costosas, y algún detalle que sintonice con la cultura de sus anfitriones.
Una pena. Cristina debería haber considerado que en Qatar las prendas son más que un capricho de los diseñadores que marcan tendencia desde las pasarelas internacionales. El look, para esa cultura, esta íntimamente ligado a la religión islámica. Raro que se le pasara esa advertencia, porque en su último viaje a España, por ejemplo, demostró estar muy interesada en las reglas monárquicas y vistió indumentaria real, algo que esta vez no puso en práctica.
Las mujeres de Qatar deben respetar el hiyab, un código de vestimenta femenina, que ordena cubrir la mayor parte del cuerpo. El cabello se esconde detrás de un pañuelo que cubre completamente la cabeza y el cuello, los rostros detrás de velos y las curvas se pierden bajo túnicas por debajo de las rodillas de colores sobrios y completamente cerradas, que se llevan por encima de pantalones del mismo color. El fundamento de esa norma de vestimenta, algo extrema para los occidentales, se basa en la intención de preservar a las mujeres de la mirada ajena, y que no sean vistas como objetos sexuales. La costumbre musulmana entiende que la belleza femenina está concentrada en la mirada, y por eso, es lo único que las damas pueden mostrar y adornar con abundante maquillaje.
Claro que nadie esperaba ver a Cristina de Kirchner con una túnica y mucho menos ataviada de un modo que no es el propio porque parecería disfrazada, y eso sí podría ofender. Pero al menos era oportuno que no exhibiera como hizo -en un país tan recatado en materia de ajuar- cual estrella de alfombra roja, modelitos exuberantes. Era adecuado el guiño para esa cultura con la que, según dijo, pretendía estrechar lazos.
Cualquier mujer que haya visitado países musulmanes sabe que, aunque se trate de extranjeras, mostrar el cuerpo está mal visto, hasta lo aconsejan las guías de viaje, destacando que allí se debe «vestir modestamente». También señalan que no se debe mostrar la planta del pie. Deambular con prendas ajustadas y sensuales por la vía pública, aunque se trate de un turista, está mal visto y por eso hay que optar allí por indumentaria larga y holgada.
Pero Cristina llegó a Qatar con un pantalón al cuerpo y un top escotado, que dejaba ver más piel que lo sugerido. Para colmo acentuó la profundidad del escote con una pieza de su alhajero que hacía meses que no usaba: una gargantilla de oro amarillo con brillantes y zafiros, que resaltaba más el descubierto de su escote, a lo Ana Obregón, conduciendo hacia ese tramo de su cuerpo todas las miradas ajenas. Un derroche de glamour irrespetuoso para la ocasión.
Para más, se fotografió con lentes oscuros, un accesorio muy chic, pero poco amistoso en Qatar donde otorgan gran importancia a la mirada y la consideran la única herramienta de seducción de la mujer, la única parte del cuerpo que se deja ver detrás del velo. Curioso, al menos, que en el único país donde no iba a recibir críticas por su exagerado delineado negro en los párpados, la mandataria haya optado por ocultar sus ojos detrás de grandes gafas de sol.
El martes, para la cumbre de jefes de Estado, Cristina de Kirchner usó una falda por encima de la rodilla, algo que puede ser cuestionable desde la moda, pero en Qatar es casi un tema de Estado, ya que ni los hombres pueden mostrar sus piernas en público. Como si esto fuera poco, completó con una blusa de gasa, de sugerente transparencia.
Al menos tuvo cierta prudencia al momento de reunirse con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, y se cubrió los hombros con un chal en tono manteca, engamado con el vestido de escote bajo. Pero no se trataba de cualquier chal, sino del modelo Monogram, el más popular de la firma Louis Vuitton, que cuesta cerca de u$s 500.

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