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Cristina prometió que convocará al “diálogo”
Cristina de Kirchner recibió ayer en Mendoza una guitarra criolla como símbolo del Festival de la Tonada. La acompañan Celso Jaque, el ministro de Desarrollo y candidato a vicegobernador, Carlos Ciurca, y la diputada Patricia Fadel.
En el pasado reciente, la Presidente usó ese recurso. En 2007, tras la victoria que la hizo Presidente, habló de una convocatoria amplia y se leyó como una señal diferenciadora del destrato a la oposición que había desplegado, como presidente, su marido. Pero la convocatoria nunca pasó de una frase voluntariosa como, en campaña, había sido el planteo de «mayor institucionalidad», otro sello distintivo respecto a Néstor Kirchner y que formaba parte de lo que se planteaba como el kirchnerismo de segunda generación.
Volvió a ocurrir en 2009, pero esa vez tras la impactante derrota del FpV en la estratégica provincia cuando con Kirchner como candidato perdió, por más de 2 puntos, ante Francisco de Narváez. Horas después de ese duro revés, la Presidente activó el diálogo político.
Se trató, por entonces, de una convocatoria puntual: una reforma electoral. Por ese motivo, Cristina de Kirchner delegó las gestiones en el ministro del Interior, Florencio Randazzo. Fueron días inusuales en Casa Rosada: la presencia de opositores fue un dato diario como jamás había ocurrido en tiempos de Kirchner.
Hubo planteos, cruces y discusiones. Pero el proyecto final tuvo, más allá de escuchar las opiniones de los partidos, el sello distintivo de lo que el expresidente, por entonces ya jefe del PJ, consideraba necesario para el escenario electoral que se venía.
Al final, el proyecto se aprobó en el Congreso con serias objeciones. Del mismo surgieron las primarias y la reforma en materia de publicidad que tuvo un destinatario específico: De Narváez, quien había desplegado una fenomenal campaña de TV a la que Kirchner atribuyó su victoria.
Por eso, la ley de primarias impide que los partidos y candidatos contraten publicidad de manera privada.
En otras ocasiones, la Presidente activó convocatorias al diálogo sectorizados como el multianunciado y nunca concretado acuerdo social que justificó infinidad de almuerzos y cenas entre empresarios, funcionarios y sindicalistas.
Ayer, desde Mendoza, la Presidente convocó «a ver si en esta Argentina que estamos construyendo, podemos los argentinos sentarnos tranquila y serenamente a discutir ideas, a debatir proyectos».
La convocatoria fue, también, condicionada: a que sea luego de las elecciones -«cuando pasen los períodos electorales»-. «Pero por favor -afirmó-, sobre la base de las realizaciones de lo que cada uno ha hecho. Es necesario que cada uno tome conciencia de lo que es capaz de brindar para su país; relegar un poco las legítimas ambiciones que todos tienen y ponerse en el lugar de los argentinos a los que todavía no hemos podido darles un trabajo digno, un trabajo registrado y que tienen que cobrar asignación».
Al final, terminó con una crítica a sus opositores. «La única distinción que podemos hacer es entre los que sólo critican y hablan y los que nos pasamos todo el día laburando las 24 horas para que vivan bien los 40 millones de argentinos».

