30 de diciembre 2011 - 00:00

Cristina puso automático pero un estallido alteró su retiro

Carlos Zannini
Carlos Zannini
Cristina de Kirchner terminó de perfilar ayer el piloto automático K de su convalecencia. En Olivos, repasó los detalles con las dos figuras que administrarán su ausencia: el vice Amado Boudou y el secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini.

El vice, como relató ayer este diario, coordinará un scrum de funcionarios que se encargará de monitorear el pulso económico y de los mercados. A Zannini -secundado por el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina- le tocará administrar el expediente político.

Fue este frente, no por casualidad, el que alteró la hoja de ruta que tenía pautada la Presidente: la forzó a reprogramar su vuelo hacia el sur donde esperará el 2012 junto a sus hijos, antes de la intervención quirúrgica a la que se someterá el 4 de enero.

La crisis que estalló en Santa Cruz, con sus ribetes de pago chico y sus repercusiones sobre el mapa nacional, puso en peligro el mando inercial que para prevenir sacudones y sobresaltos Cristina pretendió instaurar antes de su retiro prequirúrgico.

Anoche, aunque diezmado, el conflicto seguía activo. «La única que puede ordenar la situación es Cristina», confió, anoche, un pingüino. En Casa Rosada, atentos a las novedades que llegaban de Río Gallegos, repetían ese libreto: «El único árbitro posible es Cristina».

De hecho, el origen de la crisis es la tensión interna entre el gobernador Daniel Peralta y sectores ultra K entre comandados por Rudy Ulloa y el empresario Lázaro Báez. Interviene, más cerca de estos últimos, un bloque de diputados díscolos.

Para que a mitad de año, Ulloa y Báez se acoplen detrás de la reelección de Peralta tuvo que interceder, en persona, la Presidente. El empresario hasta blandió la amenaza de una candidatura propia. Esa fantasía no fue enterrada: sólo está dormida.

Alertas

El episodio santacruceño (ver págs. 14 y 15), además de su costado sensible sobre los millonarios fondos de la provincia y la herencia de una larga administración K, aporta otro condimento: un grupo de diputados díscolos protagonizó otro conflicto.

Para Máximo, que la semana próxima se instalará en la quinta de Olivos como garante del mandato familiar, fue un entrenamiento. En sus tiempos, la jefatura la ejercía Néstor Kirchner que delegaba, según el caso, los oficios en Zannini, Julio De Vido o José López.

Ayer, la demanda de orden recayó sobre Cristina y sobre su hijo porque los legisladores rebeldes tomaron distancia del paquete de medidas de ajuste enviadas por Peralta a la Legislatura que desataron la protesta de los gremios y la violenta intervención policial.

Anoche, en Casa Rosada, se anticipó que la Presidente intervino para apaciguar la crisis. El objetivo fue poner un torniquete, por lo menos durante enero, a una decisión irrevocable: Peralta considera imprescindible que la provincia sea declarada en emergencia económica.

Sin garantías

Es decir: la orden de tregua dictada por la Presidente podrá calmar las tensiones entre Peralta, el dúo Ulloa-Báez y los rebeldes, pero no alcanza para adormecer el malestar sindical. Nada garantiza que en enero, durante la ausencia de Cristina, no se precipite otro estallido.

Para los rebeldes es una cuestión adicional. En los últimos meses, protagonizaron varios conflictos en los que se desmarcó del PJ oficial para tomar posturas autónomas. Ayer, en Santa Cruz, el argumento principal es el que no avalarán la «represión policial».

El mismo fundamento usaron en Buenos Aires tras el episodio que involucró a la Infantería de la Policía Bonaerense y militantes de la JP que responden a José Ottavis. En ese tránsito, los jóvenes kirchneristas despiertan furias.

Ayer, en La Plata, del modo menos pensado, se expresó esa acumulación de encono: el diputado Darío DAlessandro, que fue electo por el partido de Francisco de Narváez, presentó un proyecto para eliminar la doble firma administrativa que existe en la Cámara de Diputados.

Arguyó que ese esquema se montó cuando el presidente y el vice eran de partidos distintos -se hizo cuando la Alianza le arrebató la jefatura al PJ- y que ahora, como se trata del mismo espacio político, no tiene sentido que siga vigente.

En la práctica, implica quitarle a Ottavis -uno de los referentes de los rebeldes que opera, además, en tándem con Gabriel Mariotto- la incidencia sobre el manejo de los fondos de la Cámara baja.

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