24 de febrero 2012 - 00:00

Cristina viaja al sur para analizar retoques

Juan Pablo Schiavi superó las primeras 36 horas de la tragedia de Once. Lo salvó un hábito K: no entregar funcionarios cuando la oposición y la prensa piden su cabeza. Pero se convirtió en el imán de todas las furias: las externas y, en particular, las intra K.

Su estadía, el miércoles hasta medianoche, en Casa Rosada con Cristina de Kirchner agitó la versión de una salida veloz que no ocurrió. Pero su permanencia en Transporte parece liquidada: «En 20 días o un mes, lo desplaza» confió, anoche, un conocedor de los planes presidenciales.

No es una certeza. El miércoles, Schiavi estuvo en permanente contacto con la Presidente. Fue la mandataria quien le ordenó salir, improvisadamente, a dar una conferencia de prensa que fue un festival de absurdos. Ayer repitió pero ya no solo: lo escoltó Julio De Vido.

En ese contexto, el Gobierno anunció que pedirá ser querellante en la causa por el accidente. Detrás de eso subyace una táctica más que insinuada: enfocar las razones del accidente en la «falla humana». El Gobierno da pistas, todavía brumosas, al respecto.

Se asegura, por caso, que las pericias rebelarán que no hubo problema con los frenos ni desperfecto mecánico alguno. Deslizan, en silencio, quejas sobre ciertas imposiciones del gremio de los maquinistas y derraman dudas sobre el motorman que ayer fue aislado por la Justicia.

Pero ni ese relato salvaría a Schiavi de un castigo. El funcionario logró lo que pocos: que los reproches en voz baja del Gobierno trasciendan a través de voceros como Hebe de Bonafini.

Por lo pronto no hay indicios de retiro de la concesión a TBA ni castigos a los funcionarios del área: la entende De Vido, Schiavi, Eduado Sícaro del órgano de control y Antonio Luna, subsecretario de Transporte Ferroviario, que reporta a Omar Maturano, jefe de La Fraternidad.

Pero tampoco está descartado. Cristina de Kirchner tiene previsto hoy hacer honor a un viejo ritual K: ir al sur a refugiarse en Calafate cuando estalla alguna crisis. Allí se replegó Néstor Kirchner con la primera marcha, estruendosa y masiva, por Axel Blumberg que hasta derivó en una mini-internación del ex presidente.

El mismo manual K que advierte que no echará un funcionario que le piden que eche ilustra sobre la distancia expresa de los lugares de conflicto. Durante 24 horas el único funcionario K que habló del accidente fue Schiavi y su intervención fue un completo equívoco.

Reacción

Recién ayer, la Casa Rosada reaccionó módicamente y puso en la cancha a quien debió hablar el miércoles: Juan Manzur, el ministro de Salud. Sin nadie a quien culpar, sufrió además al ver cómo Mauricio Macri montó un show para felicitar a los rescatistas y enfermeros.

Es inimaginable, por caso, que Cristina de Kirchner se hubiese presentado en la estación Once luego de la tragedia. Es una de las tantas cuestiones de forma que la separan de Daniel Scioli, que instauró un método inverso: estar allí donde se produce una crisis.

La Presidente tiene planeado regresar el domingo por la noche para partir el lunes hacia Rosario. Ese día se cumplen 200 años del primer izamiento de la bandera celeste y blanca. Es por ese motivo feriado único y excluyente. Están convocados gobernadores y ministros y será, salvo un cambio de última hora, la reaparición de Cristina tras el accidente.

Anoche en Gobierno se deslizó la posibilidad de que pueda haber en ese contexto anuncios sobre la cuestión ferroviaria. ¿Definirá el fin de semana el anuncio de la rescisión del contrato con el grupo Cirigliano? ¿Precipitará movimientos en el staff de Transporte?

Contrariamente a ese planteo, un funcionario K sugirió que el lunes «a lo sumo, Cristina le dará las condolencias a los familiares de las víctimas». Según la fuente, las novedades no se anunciarán en Rosario.

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