Cristina y Mujica acordaron apenas vigilar Botnia

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La Argentina y Uruguay ingresaron ayer en un nuevo capítulo en el conflicto bilateral por el conflicto por la radicación de UPM (la ex Botnia). El Gobierno argentino blanqueó ante el país vecino que, al menos en el mediano-largo plazo, el puente San Martín que une Gualeguaychú con Fray Bentos continuará cortado y que «no reprimirá». El visitante, José Mujica, además de no pedir perdón, insistió en que este punto es fundamental e innegociable y que las relaciones bilaterales no serán nunca normales mientras los ambientalistas continúen con el bloqueo.

Esto quedó ayer claro en la segunda cumbre directa que Cristina de Kirchner y José Pepe Mujica mantuvieron por la tarde en Olivos, rodeados los dos por los funcionarios de ambos gabinetes, quienes en adelante llevarán el tema. Éstos son, por la Argentina, el ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Taiana, y el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. Por el Uruguay, el canciller, Luis Almagro, y el embajador designado en Buenos Aires, Guillermo Pomy.

Estos cuatro hombres tendrán a su cargo la relación binacional y el manejo futuro del conflicto en Gualeguaychú, intentando, en lo posible no mezclar en las declaraciones cruzadas a ambos presidentes. «Sería una forma de poner la relación en una especie de paraguas», según la definición de uno de los integrantes de la cumbre de ayer.

Reconocieron los participantes que sólo hubo un acuerdo concreto, y algo obvio, en la cumbre de Olivos: los dos países se comprometieron a cumplir el fallo del tribunal de La Haya, y, como consecuencia de esto, a implementar un control conjunto de la pastera, con lo que ya oficialmente se descartó la posibilidad de un desmantelamiento de la planta industrial. Inmediatamente después de conocida la decisión bilateral, desde Gualeguaychú los ambientalistas rechazaron cualquier posibilidad de avalar los monitoreos conjuntos y resolvieron que el próximo domingo habrá una asamblea ampliada donde se decidirán las próximas acciones de lucha. Todas descartan un levantamiento del corte del puente binacional. Para los ambientalistas, la cumbre de ayer fue «una decepción».

Ya en los momentos previos el clima que los protagonistas le imprimían al encuentro mostraba, que las utopías planteadas de antemano desde ambos gobiernos serían rechazadas. Temprano, Aníbal Fernández había dejado claro, en declaraciones radiales, que la Argentina, «no reprimirá» el corte del puente internacional. Cerca del mediodía, antes de viajar a Buenos Aires, desde Montevideo, Mujica había dejado claro que no pediría perdón ya que «eso sólo lo hacen los novios».

Ya dentro de Olivos, los anfitriones les hicieron saber a los visitantes que el clima sería distendido y que de la reunión no debería salir la sensación de un agravamiento del conflicto. Los uruguayos aceptaron estas reglas de juego de clima distendido, pero dejaron claro que el tema del corte tendría que estar en la agenda de la cumbre. Fue Almagro quien comenzó con el tema, mencionando los daños a la economía uruguaya que produce el «bloqueo» (esa es la palabra usada desde la otra orilla), y la esperanza del Gobierno vecino de que luego del fallo de La Haya la situación se solucione. Desde la Argentina inmediatamente mencionaron que ese fallo, en ningún momento, habla del corte y mucho menos obliga al país a desalojar a los manifestantes. Allí Cristina de Kirchner repitió su definición sobre que el país «no reprimirá». Se mencionó incluso luego que este tema ya había sido hablado oportunamente con Mujica, y que además es una cuestión ya discutida entre el Gobierno nacional y el de Entre Ríos de Sergio Urribarri.

El presidente uruguayo mostró cierta comprensión, pero momentánea y por un tiempo. Se comprometió además a no hacer declaraciones incendiarias en lo inmediato y dejar actuar durante un lapso prudencial a la Argentina.

Mujica cumplió con su palabra luego en la conferencia de prensa (donde a pedido de Cristina de Kirchner no se aceptaron preguntas). Al hablar sobre la pastera, el uruguayo destacó que «ni la presidenta ni yo somos magos, no somos Mandrake», al hablar sobre los cortes. Agregó además que «nos sale mucho más barato tener reglas de juego bien claritas».

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