2 de abril 2009 - 01:00

CRISTINA Y OBAMA: UN CONTACTO FUGAZ

Rubén Rabanal
Rubén Rabanal
Ayer, la cumbre del G-20 tuvo su etapa protocolar. Con el ruido de fondo de las protestas de los grupos anticapitalistas en todo Londres, Barack Obama fue el primero en iniciar las visitas al Palacio de Buckingham, junto con su esposa, Michelle. La reina lo recibió para tomar el té junto a Felipe de Edimburgo como parte de la visita de Estado que desarrolla el presidente de EE.UU.

Fue la previa de una reunión de fondo que tuvo luego Obama con Gordon Brown y que terminó en una conferencia de prensa donde ambos ratificaron su estrategia ante las negociaciones para un comunicado unificado del G-20 destinado a evitar un impacto más fuerte de la crisis sobre las personas. Estaban defendiendo, en otras palabras, los paquetes de estímulo que rechaza la alemana Angela Merkel.

Para esa hora, el resto de los mandatarios que viajaron a Londres se preparaba también para el besamanos general de la monarquía. Hasta su viaje hacia Buckingham, Cristina de Kirchner eligió quedarse en su suite del Jumeirah Carlton Tower. Allí Héctor Timerman, representante argentino ante el G-20, le llevó los informes sobre la marcha de las negociaciones.

Luego fue al cóctel que ofreció la reina Isabel II con un vestido y tapado color tiza. Allí, además del apretón de manos con la monarca, se sometió a los saludos del príncipe Carlos y su esposa, Camila Parker. Aunque la realeza no pareció ser su objetivo: «Fue un encuentro», se limitó a decir anoche la Presidente sobre su reunión con la reina. El problema es que ese «encuentro» quedará registrado: en la primera fila de la foto de familia aparecen sólo dos mujeres: Isabel de Inglaterra y Cristina de Kirchner.

En el Palacio hubo tiempo para otros cruces esperados por la Presidente. En uno de los salones más amplios conversó con Obama y su esposa, y con Hillary Clinton, que acaparó tanto protagonismo como su jefe el presidente. «Son muy cálidos, personas extremadamente humanas. Son gente muy próxima», dijo luego sobre los Obama. Como novedad de la ocasión, esta vez la Presidente no llegó tarde a la foto de familia de todos los mandatarios junto a la reina.

Así, puntual, le tocó ubicarse entre el presidente ruso, Dmitri Medvédev y el mexicano Felipe Calderón, una ubicación que se repitió más tarde en la cena que les ofreció el primer ministro Gordon Brown en su residencia de Downing Street.

Ése fue el momento en que todos los presidentes se vieron a solas por primera vez. Tras el saludo en la entrada del edificio, donde Brown y su esposa, Sarah, recibían a cada matrimonio presidencial (Cristina llegó sola ya que Néstor Kirchner no fue esta vez de la partida), llegó primero un cóctel y luego la cena en la casa del primer ministro.

En medio de la puesta en escena culinaria, los presidentes comenzaron a cruzar opiniones sobre el documento que deberán firmar hoy como conclusión de la cumbre. La propia Cristina de Kirchner relató lo sucedido allí como si se tratara de un cronista. «La reunión fue buena. Habló Obama, el presidente de Francia, Merkel, el primer ministro de Canadá, el presidente Lula y también hablé yo», arrancó en la puerta del hotel Jumeirah Carlton Tower, en la zona de Knightsbridge, no bien llegó del encuentro.

Intentó en ese momento relativizar las pujas entre Gran Bretaña y Estados Unidos por un lado, y Alemania y Francia por el otro, por las medidas a tomar frente a la crisis: «Me parece que no había tanta antinomia entre el tema del estímulo fiscal o, por otro lado, la regulación. Trascendió más en los medios de lo que pasó», relató. La versión de la Presidente no se condice con la conferencia de prensa que dieron ayer en Londres Sarkozy y Merkel, quienes alertaron a Brown que no firmarían un documento que no incorporara fuertes controles al sector financiero y menos si era dispendioso en incentivos fiscales.

«Sí hubo intervenciones en el tema de la denuncia de los paraísos fiscales. Un tema que yo vengo sosteniendo hace mucho tiempo. El presidente Sarkozy en igual sentido y también el presidente Lula», siguió anoche Cristina de Kirchner.

«Todos apuntaron a analizar no sólo el financiamiento, sino cómo apuntalar la demanda global. Se habló de la crisis global como producto de la ruptura del comercio exterior, la crisis del financiamiento y de lo que ha sido el crac generado con la desregulación total que derivó de concebir al mercado como único distribuidor de recursos», continuó llevando el agua hacia el tema que más le gusta.

Y luego vino una cierta admisión de que las negociaciones en la cumbre aún no terminaron: «Todos los comentarios, y el documento que seguramente va a terminar su redacción mañana, no tendrán el reconocimiento implícito de una crisis del neoliberalismo, pero las medidas adoptadas implican que evidentemente fracasó», dijo. Para esa hora se esperaba que la redacción final de los anuncios estuviera terminada, pero aún continuaban las reuniones. «Mañana vamos a seguir trabajando», confirmó Cristina de Kirchner.

Frente a tanta euforia por las reformas futuras en el sistema financiero internacional (que en el documento que se conocerá hoy incluye la decisión de avanzar con cambios en el FMI), se le preguntó: «¿Esto significa que la Argentina va a volver al crédito internacional? «Eso sería complicado porque no hay crédito internacional, no se puede volver a un lugar que hoy no existe», dijo, sin recordar que el FMI y otros organismos tienen líneas de préstamos disponibles, aunque para acceder a ellas los países deben someterse a la revisión de sus cuentas públicas, algo que no sucede en la Argentina desde hace dos años.

Por la tarde, Cristina de Kirchner había mirado por televisión las protestas en la City de Londres en contra de la cumbre del G-20 y a la noche reconoció que la atemorizaron: «Hoy veía por la televisión algunas escenas, el Banco Central tapiado y manifestantes rompiendo las vidrieras del Royal Scotland Bank. Me recordaba Buenos Aires en la crisis de 2001. La verdad que me corrió frío por la espalda», dijo.

Hoy la Presidente se encerrará en el centro de convenciones Excel en el London Royal Docks, donde deliberará la cumbre hasta terminar, hacia las 16. Luego pasará por la embajada argentina en la zona de Belgravia para un acto en memoria de los caídos en la Guerra de Malvinas al que fueron invitados ex combatientes, y de allí partirá al aeropuerto para tomar el avión alquilado a Aerolíneas Argentinas hacia Buenos Aires.