12 de marzo 2009 - 00:00

Cruzados

Otros tiempos. El abrazo de Maradona y Riquelme en pleno Estadio Olímpico de Pekín. Ahora tienen diferentes códigos.
Otros tiempos. El abrazo de Maradona y Riquelme en pleno Estadio Olímpico de Pekín. Ahora tienen diferentes códigos.
No habrá vuelta atrás. Pero creer que el tema está cerrado es de ilusos. Los comentarios, conjeturas y verdades son propiedad de todos y cada uno de los integrantes de la patria futbolera y hasta de «extranjeros» de esa masa. Riquelme ya renunció y Maradona terminó de cerrarle las puertas de Ezeiza, pero los coletazos llegan hasta estamentos inimaginables. Y cada uno se cree con derecho y autoridad para levantar la voz. Pero que nadie se queje, ellos, los protagonistas principales de la historia, eligieron los micrófonos para comunicarse entre sí... pero con un puñado de punto de rating de testigos. Es más, ni el más astuto de los programadores hubiera imaginado lo que sólo Juan Román Riquelme decidió: que «Telenoche» tenga la medición más alta del año con 15,4... nada es casual.
Los personajes secundarios son los periodistas/amigos de turno que sirvieron para que Diego el jueves pasado y Román el martes, ya comenzada la noche, tuvieran micrófono y pantalla, y cuestionarios cómplices, con escasas preguntas incisivas pero con mucho de «cuidar» al invitado. Ninguno le preguntó al DT si había hablado con Román privadamente antes de hacerlo público, pero tampoco imaginaron lo que tenían entre manos. Y pareciese que tampoco lo creyó Maradona. Hoy, al ver por enésima vez las imágenes y analizar hasta los silencios del audio, uno supone que sólo buscó sacudir el amor propio del 10 de Boca. No dijo nada grave, sólo que así a este nivel (bajo por cierto) no le servía. Se le fue la mano, para la susceptibilidad de Riquelme, excesiva, y por la forma que eligió hacerlo, a los cuatro vientos, o mejor dicho, a cinco cámaras.
Qué vendrá de ahora en más para Maradona y Riquelme. Si ambos han llegado hasta donde llegaron, prescindiendo del otro, nada haría que sus vidas, ni sus carreras, se vieran afectadas, pero esto es un antes y un después, probablemente de ellos hacia el público, pero no para dentro de cada uno de ambos diez. ¿Cómo reaccionará la tribuna, no la opinión pública, sino el hincha de fútbol que colmará las plateas y las populares en los siguientes compromisos de cada uno? Ésa es, por estas horas, el punto a descubrir. El 28 de marzo será el primer contacto del equipo de Diego con el público argentino, hoy compuesto por un hincha renovado desde la ilusión y el crédito que le volvió a abrir al seleccionado nacional. Por dos causas, una, la de menos peso, que ve un cambio de actitud y también futbolístico de los jugadores; y la segunda, pero la más sustancial, que Diego Armando Maradona es el técnico, y ante eso todo se transforma en mágico. Contra Venezuela, la gente irá con ánimo de abuchear y hasta de colgar alguna bandera con un mensaje hacia el renunciante.
El escenario más complicado de pronosticar es qué ocurrirá en la Bombonera. El domingo, Boca recibe a Argentinos Juniors y sin dudas, el hincha número 12 se volcará de lleno a apoyar a Riquelme. Lo hizo en el entrenamiento de ayer con alguna bandera en Casa Amarilla y lo hará de manera incondicional cuando la voz del estadio anuncie al 10 titular. Y como muestra, sólo hay que estirar la memoria hasta diciembre de 2003. El conflicto de Irak había aplazado el Mundial Sub-20, que debía jugarse en Emiratos Árabes, hasta fines de aquel año. Los caprichos del calendario hicieron encimar el torneo juvenil con la Copa Intercontinental que Boca debía jugar con Milan. Previo al viaje a Japón, el equipo de Bianchi se consagró en cancha de Racing frente a Arsenal por el Apertura 03. El festejo fue, con los jugadores cantando sentados en el travesaño junto a la gente: «... La Selección/ la Selección/ se va a la puta/ que los parió ...». Quien comandaba la batuta era ni más ni menos que Carlos Tevez, el único futbolista que por la superposición de fechas tuvo que optar entre Boca y el Sub-20. Conclusión: la gente se va a volcar masivamente a favor de Riquelme.
Claro que cuando Maradona vaya a su palco boquense, las cámaras apuntarán de pleno a su rostro, y el morbo del director de la transmisión jugará con la cara de Riquelme. Pero se supone que el amor incondicional del hincha de Boca por Diego no se habrá puesto en juego, ni mínimamente e íntimamente saben que quizás algún beneficio futbolístico traiga a la Ribera. Los que conocen aunque sea tibiamente a Juan Román Riquelme saben que el mejor estado de motivación que puede tener es el del desafío. Como le ocurrió en la Libertadores de 2007, con Russo de técnico y con el objetivo de demostrarle a Manuel Pellegrini que su salida del Villarreal había sido errónea, sumado a que su intención era que Boca haga opción del préstamo de aquella oportunidad. Y vaya que lo logró. La otra imagen será la arenga seleccionada de Diego en el vestuario del Monumental el sábado 28, palabras más, palabras menos, dirá: «Yo confío en ustedes y acá estamos todos los que debemos estar ...». Ojalá alguien salga ganando.

Dejá tu comentario