Cuando el zapatero no cuida los zapatos...

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La tradición (dentro de lo poco que nos sirve en el mundo financiero) marcaba que el viernes la chance de una rueda alcista era mayor a la contraria, disparando así el comienzo no oficial del rally de fin de año y el comienzo de la temporada de compras navideñas.

Pero lamentablemente (para los alcistas) tuvimos desilusiones en ambos frentes. Por el lado bursátil, el Dow arrancó a la baja y terminó perdiendo 0,85% al cerrar en 11092.00 puntos (con esto la semana quedó perdidosa en el 1%). Por el lado de las compras o de las ventas, según sea el caso, a pesar que las primeras señales hablaban de millones de personas desafiando el inclemente mal tiempo que tuvimos, el saldo final fue un incremento del trafico de personas en las tiendas de 2,2% mientras el gasto total creció sólo el 0,3%, lo que refleja que la tendencia al frugalismo aún no ha pasado de moda. Con apenas media rueda y sin el mercado de bonos que no operó por la celebración del Día de Acción de Gracias, queda la sensación de que hubiera sido fácil tener una jornada alcista en lo financiero. Si no fue así es en parte por la crisis coreana pero mayoritariamente por los hechos que se suceden en Europa (el viernes el dólar y el oro tuvieron una ligera merma, lo que habla de un menor nerviosismo geopolítico) .

Las bravuconadas del premier español Rodríguez Zapatero (al menos así las interpretó el sistema al ver que las acciones de ese país lideraban las bajas en Europa perdiendo el 1,8%, cuando las del resto del continente apenas perdieron el 0,5%) lo único que lograron fue atraer más la atención del mercado, que ahora comienza a examinar lo que ocurre en la península ibérica con una lupa a ver qué resquicios encuentra. De hecho el costo para asegurarse contra el default de las deudas portuguesa y española alcanzó el viernes un récord histórico, mientras solapadamente crece la presión de las autoridades comunales para que Portugal acepte como Irlanda un plan de rescate (a toda costa se quiere evitar que la crisis llegue a España, lo que puede convertirse en un problemón). Una sensación: el año parece que está terminando con demasiados frentes abiertos.

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