Cuarteto milanés llegó cansado y tocó cansado

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Cuarteto de cuerdas de la Scala de Milán. Paolo Restani (piano). Obras de Franck y Brahms (Nuova Harmonia. Teatro Coliseo, 26 de abril).

En la música, que afortunadamente no es una ciencia exacta, a veces las ecuaciones no dan el resultado esperado, y, lo mismo que en el deporte o en cualquier actividad colectiva, la suma de individualidades meritorias puede no ser igual a un conjunto excepcional. Algo de esto, que es frecuente en el delicadísimo terreno de la música de cámara, se dio en la primera de las presentaciones del Cuarteto de Cuerdas del Teatro Alla Scala de Milán, en la apertura del ciclo de Nuova Harmonia.

Llegados a la Argentina esa misma mañana, los músicos brindaron un programa atractivo, integrado por los quintetos en fa menor de César Franck y Johannes Brahms (opus 34), que sin embargo no siempre llegó con la intensidad esperada. Así, el clima sombrío de la obra de Franck redundó en cierta pesadez, y ya desde ese primer momento se advirtió a Restani (que dotó a la parte de piano de momentos de enorme belleza, con un toque sensible y buen fraseo) enfrascado en la partitura y sin una conexión visible con sus colegas, como si se tratara de un concierto para piano que los demás acompañaban.

Por su parte, los violinistas Daniele Pascoletti y Francesco Manara, el violista Simonide Branconi y el cellista Massimo Polidori (todos ellos solistas de la orquesta del uno de los más famosos teatros de ópera) exhibieron un sonido siempre agradable, pero por momentos la sintaxis de las frases se extravió dentro del discurso musical, tanto en Franck como en Brahms. Como bis, y luego de aclarar que se encontraban cansados por haber llegado de Italia esa misma mañana, el Cuarteto y Restani ofrecieron el «Scherzo» del «Quinteto en La mayor» opus 81 de Antonin Dvorak, una inyección de energía revitalizante, muy apropiada para culminar este concierto.

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