Con cinco ruedas consecutivas en baja, contabilizando el 0,59% que perdió ayer al cerrar en 12.932,09 puntos, y el Dow quedando debajo de la línea de los 13 K, no hay excusa que valga. Lo que hemos estado viviendo ha sido una baja «hecha y derecha»; nada de ajuste o casas parecidas. Si buscamos algún consuelo para los que apuestan por las subas es que la pérdida estuvo lejos del 1,52% que alcanzaron a ceder las blue chips durante la mañana. Buscando alguien a quien culpar, la mayor parte de los dedos acusadores se dirigió a Alexis Tsipras, el líder radical izquierdista de Grecia, quien reclamó la nulidad del paquete de rescate y pidió la nacionalización de los bancos, suba de salarios, etc., etcétera. No es que Tsipras haya pedido nada nuevo, sino que nunca antes estuvo tan cerca del poder. Aun así, parece difícil que sea capaz de instrumentar un Gobierno de coalición antes del fin de semana, por lo que Grecia debería ir otra vez a elecciones, en tanto la chance de default sigue creciendo. Más allá de ser una nota de color, lo cierto es que nadie cree que el default helénico haga temblar los mercados, por lo que deberíamos buscar otra excusa que explique por qué los inversores desestimaron tan fácilmente el incremento del optimismo entre los pequeños comerciantes al máximo desde fines de 2007 o el crecimiento mayor que lo esperado que tuvo en marzo la producción industrial germana. La respuesta tal vez tenga que ver con el precio del petróleo, que ayer cedió un 0,9%, a u$s 97,01 por barril.
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