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Cumbre de la UCR este miércoles debate cómo seguir en la oposición
Mario Barletta
El discurso que finalmente tomó la UCR en la pelea entre Cristina de Kirchner y Hugo Moyano, donde el alfonsinismo histórico criticó la posición de apoyo al camionero que tomaron algunos dirigentes, como el propio Ricardo Alfonsín, termina de complicar el escenario.
Mario Barletta llegará a la reunión del Comité Federal intentando presentar una posición de fuerza. Para eso salió el fin de semana a aclarar, con la fuerza que tiene hoy para conducir un partido que en la realidad está atomizado y raramente responde a un mandato único centralizado.
Para intentar despejar fantasmas, Barletta aclaró el fin de semana: «El radicalismo va a ir con un candidato propio», dijo en relación con la elección presidencial de 2015. Hablar de esa fecha en este momento y en relación con las posibles alianzas del radicalismo para entonces parece, cuanto menos, temerario.
Advertencia
Pero está claro que ante el peligro de disolución al jefe partidario no le queda otra que, por el momento, advertir que se volverá a adherir a estrategias estrambóticas como fue llevar a Roberto Lavagna de candidato a presidente o el acuerdo con Francisco de Narváez en la provincia de Buenos Aires, algo que estalló antes de empezar.
«Estamos muy abiertos al diálogo. Conociendo nuestros orígenes en Santa Fe, donde hay una construcción frentista, no dejamos de evaluar la posibilidad de llegar a acuerdos», dijo Barletta, pero remarcó que «en este momento, la prioridad está en el fortalecimiento de la propia Unión Cívica Radical».
Hablar hoy del radicalismo es como referirse al colapso de la Unión Soviética. El poder político en Moscú estalló durante el final de la era Gorbachov y bajo la batuta de Boris Yeltsin, pero los arsenales nucleares seguían con el poder de daño intacto mientras el país legalmente desaparecía.
Con la UCR pasa algo similar: cada comité provincial arregla estrategias como puede, con intendentes a favor o en contra. Hay acercamientos a las políticas del Gobierno o posiciones extremas en contra de Cristina de Kirchner. Pero el peligro, como en el caso ruso, es que en medio de la destrucción el radicalismo aún tiene 40 diputados y 17 senadores, suficientes para abrirle la puerta a cualquier ley que el Gobierno no pueda aprobar por sí mismo en los recintos, incluida, y muy especialmente, una reforma constitucional.
Así, Barletta reconoció también el fin de semana la dispersión interna con que el partido (tema que también se hablará el miércoles en la reunión del Comité Federal) enfrentará las legislativas de 2013 al aclarar que cada provincia definirá la estrategia para esa elección.
Y a pesar de todo intentará mantener un rol opositor que le exige más de la mitad del partido: «Si algo había que elogiarle a la Presidenta era la consistencia, la firmeza de sus dichos, más allá de no compartir lo que decía. Nadie podía negar que en la palabra tenía una herramienta clave. Pero este año, cada vez que habla se traslucen más los problemas del país», dijo Barletta el fin de semana.


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