23 de diciembre 2008 - 00:00

Cupones Bursátiles

El reciente «agujero negro» en descubrirse, dentro del universo norteamericano, a cargo del hombre que bien podía haber sido astronauta -llamado Bernard Madoff- por el modo en que pudo montar una estrategia duradera y sustentada sólo en el aire: al menos, puede también mostrar un ángulo positivo a futuro. Y es que el flamante Obama, que empalidece a cada mala nueva, salió de inmediato a prometer que, en cuanto asuma, presentará un plan para hacer mucho más rígidos los controles. En una palabra, a poner nuevamente sobre la mesa de los financistas apurados la palabra: «regulación». Se verá cuánto podrá durar en ésta ocasión, porque como son muchos más los que se llenan la boca con la tan abollada «libertad de mercados»: al tiempo que se pueda observar una meseta, y una crisis que afloje, también lograrán volver a aflojar con las normas. Para que todo comience de nuevo. Que es el modo de hacer fortunas de la nada, en poco tiempo, dejándoles las consecuencias a los gobernantes.
Vale la pena volver sobre este personaje, que en plena época moderna consiguió estafar a todo calibre de inversores -entre ellos, grandes bancos- aplicando una de las estratagemas más viejas de los mercados. Utilizada tantas veces, en todos los países y economías, pero que siempre es eficaz y les luce como nueva a los que han olvidado las lecciones de la historia. El caso del banco español que envió una avanzada, como una patrulla que tenía el deber de informar cómo estaban las cosas con el dinero puesto con Madoff: y que se encontró con una respuesta tan pueril, como inexplicable fue que la misma surtiera efecto al ir con ella a la entidad que los había enviado.
Lejos de sentirse acorralado, dicen que frente a las indagatorias de los «inquisidores» de España, Bernard simplemente les decía: «Mi secreto es como el de la Coca-Cola, no se lo puedo contar a nadie...». Si esto fue realmente así y los que iban a investigar qué sucedía con la inversión se contentaron, hay que decir que el pícaro Bernard Madoff puede ingresar a la galería de los grandes estafadores de la historia financiera. Y lo que lo convierte en un grande es, justamente, no estar preparado con grandes informes, ni querer convencer con números mágicos sino, con una salida espectacular que cerraba la puerta a toda explicación
solicitada. Un verdadero granuja, pero: «de guante blanco».
Y así da gusto.

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