Las casas de apuestas internacionales, que no han dejado rubro sobre el que no se pueda despuntar el vicio de jugar «a algo», tienen ya que abrir un nicho para que la gente se entretenga apostando a «cuál será el saldo de las Bolsas en 2009». Los diversos «gurúes» ya vienen lanzando sus pronósticos al respecto y son tan diversos y hasta tan opuestos que hay para todos los gustos. Pueden estar a sus anchas los más optimistas, jugándole unos pesos a lo que sostienen «analistas de Wall Street» y que van al índice S&P casi con el 30% de repunte en este ejercicio. Recordemos, de paso, que Greenspan hablaba de una recuperación a partir del primer semestre. Pero, por la otra punta, encontramos a Nouriel Roubini, profesor de la Universidad de Nueva York, que está sumamente agrandado de tanto que lo citan por «haber pronosticado la crisis con las hipotecas». No tenemos referencias sobre anteriores opiniones y pronósticos de este hombre que ha saltado a la fama. Y que, seguramente, a lo largo de su carrera habrá lanzado otras predicciones y no se sabe de sus aciertos, o no, previos.
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Suele pasar que a los que arriesgan en el tiro al blanco de modo permanente, después les cuentan nada más que las buenas, y quedan en el olvido las veces en que el supuesto iluminado quedó desairado en otras apariciones. La tentación de ganar alguna batalla y creerse un general infalible en estos asuntos es demasiado grande. El ego se desborda y aparece el otro flanco del acierto: ser reclamado de muchas partes, con suculentos ingresos, mientras le dure el halo de gran visionario.
Roubini decidió arriesgar nuevamente sobre el gran tablero de los mercados. Y ahora dispensó su pronóstico de «una baja del 20% para las Bolsas en 2009», hecho que solamente será comprobable al término del calendario, ocasión cuando habrá quedado muy atrás lo que dijo en enero. Y hay también una carta en la manga, muchas veces utilizada por otros « videntes», como es ir corrigiendo el pronóstico con otros más recientes y poder caer bien parado, para seguir en carrera de lanzamientos de dardos.
El tema, que tampoco es posible saber, pasa por si el mentado profesor sacará partido de lo que dice. O bien, si no está dentro de las ligas de los «Curro's Brothers» y arroja la granada para servirse del plato, tomando posiciones bien abajo. También puede ser funcional a otros intereses. Lo único cierto es que acertar siempre no se puede. (Decir que se hace, es otra cosa.)
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