23 de febrero 2009 - 00:00

CUPONES BURSATILES

Madoff aseguraba a los incautos, que su fórmula para el éxito de las inversiones era «como la de Coca-Cola, así que no podía develar a nadie cómo hacía...».

Este señor Robert Stanford, una especie de Madoff con carrera más corta, tenía se propia seducción para convencer a víctimas codiciosas. Prometer tasas de interés altas y en base a «una estrategia de inversión excepcional...». El famoso y tan mediático Donald Trump lideraba una compañía que solicitó «protección federal por bancarrota» por tercera vez, en menos de veinte años. Galería de la fama de los personajes que están en la superficie y descubiertos. Pero, aquí vale aplicar la «teoría de la cucaracha». Y que es muy simple: si usted ve una cucaracha caminando libremente por el piso de su cocina, preocúpese en grado sumo. Porque debe haber muchas otras más, que todavía no se ven... ¿Qué diferencias se pueden hallar en esta época, donde se ven tales cosas, y otras de la historia? Nada más que tecnología e instrumentos de inversión. Pero así como en los que quedaron burlados por Madoff, Stanford, y los que todavía no se ven, la «carnada» con la cual picaron el anzuelo eran tan pueriles y burdas. Es igual a tiempos de la «South Pacific», Inglaterra donde Isaac Newton perdiera unas 20.000 libras esterlinas. Y cuando la codicia era tal, que se formaban sociedades de la noche a la mañana, con los rubros más disparatados. Y llegando a la máxima expresión, cuando surgió una que se reunía inversores, con nombre como: «No sabemos a qué nos vamos a dedicar».

Lo que nos sonaba a increíble (a nosotros, tan pícaros y modernos) pensando que la gente de aquella época era muy inocentona (y hasta muy tonta). Pues, la actualidad nos da una bofetada, bien dada. Porque, que hayan caído tantas entidades bancarias importantes, dentro de las telarañas que les tejieron estos personajes, hace al inversor -para colmo, al institucional- actual, como mucho más incuato que los de siglos atrás. Y si aquí se montaron estos enormes negocios piramidales, necesariamente hubo «vivo», en una punta. Y un «estúpido», en la otra. Por lo que habría que penalizar a las dos puntas, no sólo al que estafa: sino porque al que paga, para ser estafado. Y consume argumentos que no revisten el menor análisis serio, confiando enormes sumas de dinero en tales manos. Bien le vendría al mundo una limpieza, no sólo de los «paraísos fiscales», sino de seudobanqueros que no saben cuidar el dinero de sus clientes. ¿O no?

Dejá tu comentario