16 de marzo 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

En finanzas tampoco existe el «crimen perfecto». Y a veces un detalle menor, o un imponderable, son capaces de dejar en ruinas lujosas construcciones, que carecían de cimientos pero seguían agregando pisos a lo alto. Y al pobre «Bernie» -Bernard Madoff- lo volteó una de esas variables ingobernables. Las que no están en la mente ni de los más previsores, ni de los más ligeros. (Al respecto, véase con atención de qué modo quedó constituido el ahora curioso «ranking de los millonarios», donde pasó a encabezar el que menos vino a perder con la crisis. Es decir, quedó primero el que está menos molido a golpes. Notable).

Volviendo a «Bernie», la puesta en práctica de mecanismo tan viejo como el «esquema Ponzi», capturando a entidades bancarias, a famosos reyes de las finanzas, a toda una legión de los que se suponen ser los vivos impenetrables, resultó barrido por el advenimiento de esta crisis. No por investigaciones de la SEC, ni de los que iban a preguntar cómo es que lo hacía. Los 50.000 millones de dólares, que se volatilizaron, salieron a superficie por un juego del destino.
Madoff,
seguramente, quedará en los anales de esta crisis como su personaje más emblemático. Y pagará por lo que hizo, aunque con carita de viejo bueno dijo que está arrepentido. Y se llevan preso al que «pecó por la paga», quedando sueltos los que «pagaron por pecar» (y con dinero de terceros). También quedará nuevamente de manifiesto que, aunque se utilicen los más simples y antiguos instrumentos de estafa, siempre se podrá seguir cazando a los codiciosos, colocando la «miel» apropiada.

El fin es el mismo, como el resultado, pero el envoltorio puede variar. No sólo entre privados, o entre empresas. Por allí surgió lo de Ecuador repugnando un servicio de renta de su deuda, por segunda vez, que tiene una clara connotación con lo hecho por la Argentina años atrás. Varía, sin embargo, la argumentación, pero el objetivo es el «default». Y el no respetar el longevo principio del «riesgo soberano» (de donde un país debe honrar compromisos, asumidos por distintos gobernantes). Lo singular es lo declarado por el ministro de Economía ecuatoriano (que vino siendo asesorado por abogados y grupos internacionales, buscando cómo colocar la «chicana»). Este señor le dice al mundo, a los poseedores de bonos en especial, que en su país «la capitalización de intereses es un delito y eso sucedió al cambiar los Brady en Global». Señor Borja: en tal caso, juzguen y condenen en su país a quienes violaron la ley. El acreedor no tiene nada que ver. (Y lo que se hace, es una estafa).

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