23 de marzo 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

No hay que ser economista, ni siquiera famoso financista o reputado analista, para darse cuenta de que no huele nada bien el remedio que están utilizando para tratar de cortar con la crisis. Ya no se trata de Keynes, ni de Marx, de Harvard o de Chicago. La práctica de imprimir billetes día y noche, con la finalidad de acudir a todos los incendios y taparlos de dólares, resultaría una fórmula idílica para poder solucionar cualquier problema en el mundo.

Pero, ya desde la escuela secundaria todos aprendíamos el simple postulado de: «la moneda mala termina por reemplazar a la buena». Y lo que surge después es cualquier cosa menos una situación económica recompuesta y estable. No lo decimos aquí, Bernanke lo dijo claramente: no es dinero de los contribuyentes, sino dinero impreso el que se viene autorizando con sumas fantásticas. Y sabe el funcionario, también lo dijo, que la preocupación es ver qué llegará a ocurrir con la cuestión inflacionaria.

Puntualmente, a esto se le dio por vez primera atención en la rueda del viernes pasado en Wall Street. Con lo cual la turbulencia va tomando otra dimensión y los mercados no perciben en su fondo que se esté obrando en la dirección apropiada.

¿Cuántos papeles pintados de verde debe poder admitir la economía norteamericana sin que el remedio se mute en otro tipo de enfermedad? No hemos visto el tratamiento de este asunto, como tampoco se lleva la cuenta del total empleado hasta ahora, desde el inicio del problema de las hipotecas. Que vino a engarzar con los tremendos gastos bélicos de la era Bush y que le eran autorizados por el Congreso.

Al menos para llevar tranquilidad, y algo de luz, bien podría enfocarse el tema y demostrar que los temores son infundados. Ya desde hace décadas oíamos -en boca de Alsogaray- que nadie sabía, ni por aproximación, cuántos dólares estaban dando vueltas por el mundo. Imaginemos a qué cifra virtual se habrá llegado ahora. Pero, todos tratan de acomodarse a la situación, y una buena razón es que casi todas las reservas del mundo están nominadas en dólares. Los mercados hacen lo que pueden donde les brindan alguna lucecita, por más tenue que sea; ensayan arremetidas y rebotan cuanto pueden.

Todo sigue siendo más para la duda y el temor que para la calma. Y la carencia de personalidades creíbles en el mundo actual expone que la «materia gris» es el bien más escaso. (Como Lula, conviene rezar...)

Dejá tu comentario